| "La hora íntima" | |
| Autor: Vinicius
de Moraes |
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| ¿Quién pagará el entierro y las flores si yo muero de amores? ¿Qué amigo será tan amigo que en el entierro esté conmigo? ¿Quién, en medio del funeral dirá de mí: "Nunca hizo el mal...? ¿Quién borracho, llorará en voz alta por no haberme traído nada? ¿Quién deshojará violetas en mi tumulto de poeta? ¿Quien lanzará tímidamente al suelo un grano de simiente? Quién mirará, cobarde, la estrella de la tarde? ¿Quién me dirá palabras mágicas que hagan empalidecer a los mármoles? ¿Quién, oculta en velos oscuros, se crucificará por los muros? ¿Quién, con el rostro descompuesto, sonreirá: Rey muerto, rey puesto...? ¿Cuántas, en presencia del infierno sentirán dolores de parto? ¿Cuál la que, blanca de recelo, tocará el botón de su seno? ¿Quién loca, ha de caer de hinojos sollozando tantos sollozos que despierte recelos? ¿Cuántos, los maxilares contraídos, con sangre en las cicatrices dirán: Fue un loco amigo...? ¿Que niño mirando a la tierra y viendo moverse a un gusano tendrá un aire de comprensión? ¿Quién, en circunstancia oficial, propondrá para mí un pedestal? ¿Qué llegados de la montaña tendrán circunspección tamaña que he de reír blanco de cal? ¿Cuál la que, el rostro al viento lanzará un puñado de sal en mi guarida de cemento? ¿Quién cantará canciones de amigo el día de mi funeral? ¿Cuál la que no estrá presente por motivo circunstancial? ¿Quién clavará en el seno duro una hoja oxidada? ¿Quién, con verbo inconsútil, ha de orar: La paz le sea dada? ¿Cuál el amigo que, a solas consigo, ha de pensar: No será nada...? ¿Quién será la extarña figura a un tronco de árbol recostada con mirar frío y aire de dudas? ¿Quién conmigo se abrazará y tendrá que ser arrancada? ¿Quién va a pagar el entierro y las flores si yo muero de amores? |
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| "Soneto de devoción" | |
| Autor: Vinicius
de Moraes |
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| Esa mujer que se me arroja fría y lúbrica a los brazos, y a sus senos. Me aprieta, me besa, y balbucea versos, rezos a Dios, votos obscenos. Esa mujer, flor de melancolía que ríe de mis pálidos recelos. La única entre todas a quien di caricias que otra jamás daría. Esa mujer que a cada amor proclama la miseria y grandeza de quien ama y guarda feliz huellas de mis dientes. ¡Un mundo, esa mujer! Es una yegua quizás...pero en el marco de una cama nunca mujer ninguna fue tan bella. |
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