Triángulo de las Bermudas por Juan de la Torre 
Un triángulo legendario se puede dibujar en el Océano Atlántico si unimos con una línea recta las islas Bermudas, Puerto Rico y Fort Lauderdale. A lo largo de los años se han ido produciendo informes que detallaban la desaparición misteriosa de navíos, personas y aeroplanos al adentrarse en esta zona cargada de mitos y leyendas. 
No es de extrañar que adquiriera pronto el nombre del “Triángulo del Diablo”, basado en la superstición de que el mismo Diablo se encontraba oculto en esta localidad engullendo con deleite a los viajeros cansados y perdidos que se adentraban en sus dominios... ¿realmente era una manifestación maléfica la que captura todo lo que pasa por sus proximidades?, ¿estamos ante nuevos casos de abducciones extraterrestres?, ¿se trata de un vórtice místico que nos traslada a otra dimensión?, ¿o simplemente aquellos que no deseaban ser encontrados huían en busca de las cálidas aguas caribeñas en busca del olvido aprovechándose del mito?. 
Desde el punto de vista periodístico, la leyenda del triángulo misterioso nació de forma oficial el 16 de septiembre de 1950, cuando la Asociación de Prensa Asociada envió al reportero E.V.W. Jones para informar de las misteriosas desapariciones de naves y aviones entre la costa de Florida y las Islas Bermudas. Dos años después este artículo, aparecido en la revista Destiny sería corroborado por otro de George X. Sand en el que se informaba de una “serie de extrañas desapariciones marinas sin dejar rastro alguno durante los últimos años en un triángulo acuoso limitado aproximadamente por Florida, las Bermudas y Puerto Rico”. 
Ante tal misterio, es lógico que diversos autores pretendiesen ofrecer sus visiones particulares sobre los acontecimientos. Así, M.K. Jessup escribió sobre ellas y ofreció la primera interpretación basada en la idea de que inteligencias extraterrestres se podían encontrar tras los acontecimientos en el libro “The Case for the UFO”. También se hico eco de las sobrecogedoras noticias Donald E. Kyhoe, en su obra “The Flying Saucer Conspiracy” (“La conspiración de los platillos volantes” de 1955). Por otro lado, Frank Edwards (en “Stranger Than Science”) coincide con los anteriores en la idea de que civilizaciones extraterrestres podían tener un lugar de reunión local en el triángulo. Finalmente fue Vicent H. Gaddis quien propuso la denominación que ha llegado hasta nosotros en su obra “El Triángulo de las Bermudas”. 

Al margen de que no existe ningún testimonio ni indicios sólidos que animen a pensar sobre supuestas civilizaciones extraterrestres situadas precisamente en esa zona geográfica, a lo largo de los años se han escrito infinidad de artículos, libros, series de televisión, películas basadas en el misterio y explotando generalmente un punto de vista bastante sensacionalista. 

Si nos centramos en la estadística, podemos afirmar que a lo largo del último siglo se ha documentado la desaparición de unas mil personas en el Triángulo. Puestos a realizar un examen concienzudo de los datos, muchas de ellas se transforman en meras leyendas, sin visos de verosimilitud, pero siempre quedan ejemplos para la incógnita. 
Las primeras menciones a problemas de navegación en esta zona del mundo se remontan a las expediciones de Cristobal Colón. Mucha de la información que sobre sus viajes nos ha llegado se remite directamente a los diarios que redactaba informando de los acontecimientos acaecidos durante sus travesías. Sus primeras dificultades tuvieron lugar al llegar al Mar de los Sargazos, donde la tripulación fue defraudada en varias ocasiones ante la esperanza de encontrar tierra firme al avistar algas marinas y pájaros sobrevolando los navíos, cosa que posteriormente no corría. Naturalmente todo esto puede ser explicado racionalmente alegando las fuertes corrientes marinas y climatología adversa de la zona, y la precariedad de los sistemas de navegación de aquellos momentos.
También resulta curioso que Colón informase de la caída de meteoros, descritos por él mismo como “pelotas luminosas que bajaban desde el cielo”. Durante sus viajes por el Mar Caribe también describieron bailes de luces en el horizonte... ¿podría tratarse de fenómenos atmosféricos? 

A lo largo de los años, se ha notificado la desaparición de hasta cien naves y aeronaves en las Bermudas, entre ellas:

- La del navío Mary Celeste el 1872.

- El 1947 se perdió contacto de forma definitiva con un C-45 Superfort del ejército norteamericano a 100 millas de las islas Bermudas.

- El año 1948, de un cuatrimotor Tudor IV civil con 31 pasajeros a bordo.

- El mismo año, un DC-3 fue perdido con 32 pasajeros y toda su tripulación.

- El 1949 desapareció el segundo avión Tudor IV.

- El 1950 barco americano S.S. Sandra (de 350 pies) se perdió sin dejar rastro.

- El 1952 el avión de transporte de pasajeros británico York desapareció con sus 33 pasajeros.

- El navío de la armada norteamericana Constelation, el 1954, con sus 42 tripulantes.

- Dos años después, el hidroavión Martín P5M, con 10 tripulantes a bordo.

- El 1963, el barco Reina del Sulpher, también sin dejar rastro.

- El 1967, el carguero militar YC-122.

- El 1970, el fletador francés Milton latrides. 

- El 1972, el barco alemán Anita (de 20.000 toneladas), con 32 tripulantes. 

- El 1997, desaparecieron todos los pasajeros de un yate alemán. 
Otros autores opinan que en la zona del Triángulo de las Bermudas se encuentra alojada la mítica ciudad perdida de la Atlántida. Naturalmente nunca se han extraído evidencias que demuestren esas teorías.

A la hora de la verdad, ninguna explicación es determinante, ni está corroborada por pruebas suficientes, imprescindibles si queremos llevar a cabo un análisis serio y científico del misterio. Sigue resultando escalofriante la coincidencia de desapariciones en una determinada zona del mundo, siempre sin rastros. El único argumento que nos queda es que tal vez, a pesar de prepotencia que han dado al hombre los descubrimientos científicos y técnicos, y el alto grado de conocimiento que ha llegado a adquirir sobre el mundo que nos rodea, existen misterios que la naturaleza se resiste a desvelar. Este y otros pueden servir advertencia e inspirar temor en el corazón de los hombres, pero también puede animarlos a seguir indagando en busca de la verdad.

En próximas ediciones seguiremos investigando la verdad oculta tras las aguas del océano atlántico.


Allende los Mares