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Obra Científica del Dr. Ildelfonso Zubía |
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El Dr. Ildefonso Zubía como en sus actividades académicas y sociales, también en las científicas era un hombre realmente polifacético. Quizá en el fondo de esta intensa dedicación al trabajo late la búsqueda de resguardo frente a tanta adversidad personal. Su formación académica (que abarcaba campos en la actualidad tan especializados como la Física, la Química, la Geología, la Biología o la Antropología), junto a ese peculiar talante naturalístico del hombre de ciencia del siglo XIX, le llevaron a acometer una gran diversidad de labores científicas. Entre ellas, destacaré, en orden cronológico: |
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Entre las plantas recolectadas por Zubía y conservadas en Logroño,
destaca una especie de cuernos negros, son esclerocios de un hongo parásito que crece sobre el centeno.
El llamado cornezuelo, a partir del cual se extrae LSD con fines medicinales.
Los Amaranthus, unas malas hierbas conocidas como bledos, que destacan en el herbario por su buen estado de conservación.
Plantas de jardín, que Zubía recolectaba frecuentemente; concretamente la Gomphrena globosa y Celosia
cristata. La Phytolacca decandra, de cuyos frutos se obtiene un colorante rojizo que en tiempos se utilizaba para adulterar el vino y proporcionarle color. Jasonia glutinosa, el té de roca, recolectado en
Arnedillo. Y algunas orquídeas silvestres, que al secarse pierden toda su belleza natural. Zubía también recolectó más de 300 briófitos, entre musgos y hepáticas, y es aquí donde resulta especialmente destacable su trabajo, hasta donde hoy lo conocemos. Entre ellos, hemos encontrado especies verdaderamente interesantes, veinte de las cuales no se han vuelto a recolectar en La Rioja desde que Zubía recorría sus caminos. Esto habla de la minuciosidad con que Zubía recolectaba las plantas, a pesar de que con sus escasos medios cometía algunos deslices a la hora de identificar las especies. La singular importancia de los briófitos radica en que son mucho más sensibles que las plantas superiores a las alteraciones que el hombre produce en la naturaleza como consecuencia de sus actividades domésticas, industriales o de modificación del paisaje. |
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Quisiera destacar, entre estos hallazgos, dos musgos acuáticos que Zubía encontró en aguas del Ebro y del Iregua, en las cercanías de Logroño: Fontinalis hypnoides, y Cinclidotus riparius. Hay que tener en cuenta que los briófitos son plantas pequeñas, frecuentemente de tan sólo unos milímetros. Su estudio debía resultar bastante complicado para el Dr. Zubía, que, según refiere su discípulo Ismael del Pan en el Prólogo de la "Flora de La Rioja", tan sólo disponía de un microscopio sencillo para identificar las plantas. He querido destacar estas dos especies de musgos porque ambas han desaparecido de la flora riojana. Nadie más ha vuelto a recolectarlas nunca, porque los ríos donde crecían, el Ebro y el Iregua, han sufrido drásticas alteraciones de su cauce, acompañadas de la contaminación de sus aguas, todo ello como consecuencia del miope desarrollismo del último siglo. Otro musgo interesante es Fontinalis antipyretica, que según refiere Zubía, abundaba en su tiempo en las acequias de Logroño. Ahora en las acequias riojanas, notablemente eutrofizadas por el abuso de fertilizantes agrícolas, apenas crecen musgos, y desde luego no Fontinalis antipyretica. Para encontrar esta especie en nuestros días, hay que viajar hasta los limpios arroyos de la Sierra riojana, donde todavía, y esperemos que por muchos años, es bastante frecuente. Por último, otra especie de gran interés es Weissia papillosissima, que Zubía recolectó en los alrededores de Logroño. Esta especie sólo se encuentra, en todo el mundo, en Logroño, Murcia y en un lugar tan alejado de nosotros como la república de Tadhikistán, en el sur de Siberia. O mejor dicho, se encontraba en Logroño, porque la especie ha desaparecido a causa de la modificación en los usos del suelo logroñés, por la edificación de viviendas o la construcción de obras públicas. Todos estos resultados sobre briófitos han sido publicados recientemente por Encarnación Núñez Olivera y por mí en la revista alemana " Nova Hedwigia ", una de las revistas criptogámicas más prestigiosas del mundo, por lo que el trabajo de Zubía comienza a ser conocido en la actualidad más allá de nuestras fronteras, como lo fue también en su tiempo. Esto demuestra la vigencia que tiene hoy en día el trabajo de este naturalista. De todo lo anterior podemos concluir la extraordinaria importancia que suponen para los científicos, y para la sociedad en general, puesto que cada vez ésta tiene una mayor sensibilidad ambiental, los estudios florísticos básicos desarrollados en el siglo pasado. De ellos podemos deducir los cambios que ha experimentado con el tiempo la flora de una determinada zona, y podemos buscar las razones para estos cambios. No hay que olvidar que la desaparición de una especie supone una pérdida irreparable de diversidad genética, y también una pérdida de todos los posibles usos que hubiera podido tener esa especie, por ejemplo en medicina. Este es, a mi juicio, el más claro exponente del incalculable valor que tienen los herbarios históricos regionales y, en concreto, el herbario del Dr. Zubía. |
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Les exponerdré algunos datos sobre las relaciones científicas del Dr. Zubía con otros botánicos, así como las especies que se le han dedicado. Estas dedicatorias son una de las más típicas muestras de reconocimiento que se rinden unos botánicos a otros. El Dr. Zubía mantuvo correspondencia e intercambio de plantas con botánicos españoles y extranjeros de gran renombre, como los aragoneses Loscos y Pardo, el sajón Willkomm o, especialmente, el abate francés Michel Gandoger. Y es que la peculiaridad de la flora española despertaba un interés inusitado entre los botánicos europeos. Más de un millar de plantas que Zubía había recolectado en La Rioja fueron enviadas por el botánico logroñés a Gandoger. Estas plantas aparecen una por una en la magna obra del francés Flora Europea, que se compone de 27 tomos. Michel Gandoger le dedicó en 1886, todavía en vida de Zubía, un nuevo género de la familia Umbelíferas, familia que agrupa plantas tan conocidas como el perejil, el apio, la zanahoria o la cicuta. El género que le dedicó se llamaba Zubiaea, e incluía varias especies de zanahorias silvestres. Gandoger pertenecía a la escuela botánica llamada analítica, de gran pujanza en el siglo XIX. Los seguidores de esta escuela eran partidarios de escindir cada especie en numerosas microespecies, de acuerdo con características morfológicas que hoy consideramos poco relevantes. Gandoger también le dedicó un centenar de estas microespecies que él reconocía. Por ejemplo, dentro de la citada familia Umbelíferas: Conium zubiae, Conopodium zubiae, Visnaga zubiae y Torilis zubiae. Hoy los botánicos no consideran válidos ni el género Zubiaea ni las microespecies de Gandoger. Sí prevalece hoy en día un híbrido, esto es, una planta que proviene del cruce entre plantas de dos especies diferentes, que le dedicó a Zubía en 1926 Carlos Pau, un botánico español de gran renombre en nuestro siglo. Este híbrido es Centaurea x zubiae Pau, de acuerdo con una búsqueda que hemos realizado en las bases de datos del Missouri Botanical Garden, es el único nombre válido de plantas superiores que lleva el apellido de Zubía. También, el Padre Unamuno, micólogo que falleció en 1947, le dedicó a Zubía dos especies de hongos: Phylostictella zubiae, publicado en 1931, y Rhabdospora zubiae, todavía inédito y que será publicado en los próximos meses por el Instituto de Estudios Riojanos en un número Monográfico precisamente de la revista "Zubía", como una actividad conmemorativa más del Cincuentenario del Instituto (el artículo referido está escrito por Francisco Pando y Félix Muñoz Garmendia, del Jardín Botánico de Madrid). Y estos son, a grandes rasgos, los datos más importantes de esta historia. Probablemente, dentro de unas décadas volveremos a resucitar la figura del Dr. Zubía para dedicarle un nuevo homenaje. Ojalá que para entonces conozcamos más y mejor su vida, su obra y sus ideas científicas y académicas. Hasta entonces, este será nuestro secreto entre ustedes y yo, el de la vida y obra del, más que olvidado, desconocido riojano Dr. Zubía. |
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