Tornero y el periodismo
Como ya hemos señalado el 1 de septiembre de 1842 Don Santos compró la imprenta y diario "El Mercurio" a su compatriota Manuel Rivadeneyra. Era "El Mercurio" el único diario que se publicaba en Chile ya que "El Araucano" era una publicación oficial que se editaba semanalmente. Había sido fundado en 1827, por lo que es considerado hoy en día el diario más antiguo de habla hispana, y en sus primeros quince años había tenido varios propietarios con poca continuidad y menor éxito.

Desde el momento de la compra sintió la enorme responsabilidad de ser el editor-propietario del que ya era el más antiguo medio de la prensa chilena y quiso darle un renovado impulso para transformarlo en el primero en los aspectos de presentación gráfica, literario, noticioso y en cuanto a seriedad y credibilidad. Así comenzó a efectuar importantes inversiones en infraestructura y maquinaria que Don Santos explicaba a sus lectores de la siguiente forma, "Todas estas mejoras han originado gastos cada día más grandes que los editores no omitirán nunca, a fin de que El Mercurio ocupe siempre el puesto que le corresponde como decano de la prensa sudamericana."

Pero sólo seis meses después de la adquisición del diario la vida lo puso a prueba. El 15 de marzo de 1843 se declaró un gran incendio en el barrio de El Almendral que arrasó con gran cantidad de edificios, entre ellos el de la imprenta de "El Mercurio", salvándose la librería. Sin embargo, un pequeño taller de impresión auxiliar de su propiedad a cargo del tipógrafo español Javier Rodríguez le permitió salir adelante y tres días después del terrible incendio pudo imprimir una hoja explicativa en la que Don Santos decía, "El Mercurio no podía perecer, por grande que fuese el encarnizamiento de las llamas. No; El Mercurio es inmortal; tan inmortal como las ideas a que sirve de vehículo, y tan superior al furor de los elementos como ellos mismos.". Cinco días después reaparece "El Mercurio", el indomable Tornero había sobrepasado literalmente la prueba de fuego y de los escombros de la catástrofe surgiría la imprenta en que se editaría a corto andar el diario de mayor importancia de Chile y de toda la costa del Pacífico como también una gran empresa editorial de la que saldrían las obras literarias más famosas de su tiempo proyectándose por todo Chile y parte de Latinoamérica.

La directa intervención de Don Santos Tornero en el desarrollo y progreso de "El Mercurio" como diario de gran credibilidad y difusión fue tan brillante que se le puede considerar como su auténtico mentor y creador, a pesar de no haberlo fundado. Le dio al diario todas las características que lo transformaron en aquella época en un gran diario y que hoy conserva con señorío en medio de la modernidad. En 1851 señalaba en un editorial, "Para ser apóstol de la verdad, defensor de la ley y del orden, y promovedor infatigable del progreso nacional, no es preciso decir el nombre de pila. El Mercurio tiene marcada la huella de su destino: no se desviará de ella.".

Decía en 1860 Don Santos, "El Mercurio, que no tiene otra bandera que la tricolor de la República, que no es diario pasionario sino de la nación chilena, debe ser independiente y lo será bajo mi dirección. Sin arrastrarse ante el poder, ni atacarlo ciegamente, dará paso a la verdad, sosteniendo en toda circunstancia la conveniencia general, la justicia y el derecho."

En otro editorial del 2 de julio de 1860 explicaba, "Huirá El Mercurio, con el mayor cuidado, de toda discusión política, pues sabe muy bien que sería peligroso para él ocuparse de tan delicada materia en las circunstancias del país, y el día en que la prensa entre nuevamente en el goce de sus derechos, protesta desde ahora El Mercurio que tratará de política sólo en el punto de vista digno y elevado que conviene a un diario serio e independiente."

El autor Raúl Silva Castro en su libro "Prensa y Periodismo en Chile" señala en la página 152, "Por las agitaciones políticas y por su ausencia reciente del país, que coincidió en parte con aquellas, el editor sentía que era preciso imprimir a la redacción la marcha que siempre había confiado darle: alejamiento de las luchas políticas más enconadas, defensa de la ilustración y del orden, esclarecimiento de cuestiones comerciales llamadas a asentar la prosperidad nacional sin exclusiones, tolerancia religiosa, etc.. La tradición de El Mercurio, como puede verse por la enunciación de aquellos principios, comienza con Tornero."

Benjamín Vicuña Mackenna lo considera, "El verdadero fundador de El Mercurio, como diario político, social y cosmopolita.". Julio Pérez Canto en su folleto "El periodismo en Chile" afirma que Tornero, "señaló y marcó los nuevos rumbos del periodismo nacional" con la "clara comprensión que de los deberes de la prensa tenía".

Francisco Antonio Encina en su "Historia de Chile" expresa que, "El progreso de la industria gráfica y el desarrollo que durante este período tuvieron en Chile las editoriales, fue la obra de dos españoles: Don Manuel Rivadeneyra y Don Santos Tornero.". Y más adelante agrega, "Tornero levantó a El Mercurio a una prosperidad comercial que le permitió independizarse del favor gubernativo, al mismo tiempo que daba vuelo al negocio editorial y de librería."

De la independencia con que siempre actuó sobran ejemplos. En noviembre de 1847 prefirió estar preso unos días antes que revelar el nombre del autor de un artículo publicado y en 1851 tampoco cedió ni ante la amenaza de una inminente prisión. Las presiones gubernamentales que en ocasiones lo acosaron tampoco le hicieron mella, siempre fiel a su pensamiento. El "editor testarudo", como lo llamaba el argentino exiliado en Chile Domingo Faustino Sarmiento, no cejaba en mantener su línea editorial ni tampoco escondía su orgulloso sentimiento de españolidad en una época en que los sentimientos antihispanos surgidos de las guerras de la independencia aún estaban en el aire. Con el deseo de lograr una mayor vinculación entre España y Chile incluyó artículos de escritores españoles y en los folletines novelas, intentando de esta manera enfrentar el afrancesamiento al que se inclinaba la intelectualidad chilena.

Con satisfacción escribió en su libro "Reminiscencias de un viejo editor" en 1889, "Yo me había propuesto que El Mercurio llevase una marcha independiente cual convenía y convendría siempre para servir los intereses del país. Los resultados han justificado mis convicciones; El Mercurio ha resistido todas las borrascas, llegando a adquirir una importancia que ningún otro periódico del país ha podido alcanzar". Palabras escritas hace más de cien años pero que aún hoy mantienen su vigencia.

Durante los 22 años en que tuvo bajo su dirección "El Mercurio" pasaron por su redacción periodistas y literatos chilenos y extranjeros del más alto nivel, Tornero entendía que no bastaba que el editor-director fuese serio y honorable sino que también el redactor, que seguía sus indicaciones en la columna editorial, debía poseer un gran prestigio como hombre de letras y una amplia cultura. Creó en este aspecto una honrosa tradición que hasta hoy el diario mantiene.

Entre los años 1851 y 1860 asoció a su hermano Eusebio en el diario. Este asumió la dirección administrativa durante los viajes que efectuó Don Santos junto a su familia a Estados Unidos y Europa en 1852 y 1857. En Norteamérica visitó el "New York Herald". En Londres conoció las instalaciones del "Times" y en París las de la "Imprenta Nacional". En estos viajes compró maquinaria moderna destinada a los talleres de impresión. Trajo de España también muchos tipógrafos competentes que luego fueron maestros en todo el país de varias generaciones de artesanos.

Fue un buen redactor de pluma ágil e ideas claras, escribiendo algunos libros para la docencia y a los 81 años sus memorias que tituló "Reminiscencias de un viejo editor", un simpático libro costumbrista en que narra su vida, expone sus principios y nos deja sus pensamientos sobre diversos temas.

Sin embargo sus años dedicados al periodismo se vieron interrumpidos abruptamente con la guerra declarada entre Chile y España (1864-1866) que culminó con el bombardeo de Valparaíso el 31 de marzo de 1866. Este hecho, al igual que a otros muchos españoles, lo forzó a exiliarse. Acompañado de su mujer y sus cuatros hijos menores, Eduardo, Enrique, Juan y Carlos, a mediados de abril de ese año se embarcó hacia El Callao y luego hacia España, donde residió en Madrid y Sevilla hasta fines de 1869 en que la familia retornó a Chile. 

Sin embargo, ya en marzo de 1864 previendo lo que podría suceder y con el temor de que su presencia en la dirección perjudicase el diario había interesado a sus hijos Orestes León y Recaredo Santos en la empresa, siendo la dirección asumida por su hijo Orestes quien ya llevaba cinco años trabajando en el diario. Pero como la situación cada vez le era más hostil en noviembre de ese año se desvinculó del periódico, acabando así una labor tan intensa como fecunda la que desde entonces continuó en manos de sus hijos.

Cuando en octubre de 1867 se disolvió la sociedad Santos Tornero e hijos, Orestes se quedó con el negocio de librería estableciendo en Santiago una imprenta para editar textos de enseñanza y recreativos. El diario "El Mercurio", su imprenta y otros periódicos que en ella se editaban quedaron a cargo de su hijo Recaredo Santos. Este había nacido en 1842 y estudiado en el Instituto Nacional y en Europa. A Recaredo se le recuerda principalmente por dos logros. En 1872 publicó la obra "Chile Ilustrado", magníficamente editada en París y hoy en día una joya bibliográfica. Vuelto poco después a Chile decidió crear la primera fábrica de papel del país, emprendimiento en el que no tuvo éxito perdiendo la importante inversión que había efectuado. En agosto de 1875 debió vender su participación en "El Mercurio" a Rafael Larraín Moxó y a comienzos de 1880 el diario es adquirido por Agustín Edwards Ross. Recaredo volvió al negocio de librería en Valparaíso.

Introducción

Tornero y las librerias

Tornero y la edición de libros

Tornero y la comunidad española


Datos facilitados por: Juan Antonio García Sánchez, de su libro "La Rioja y los Riojanos en Chile (1818-1970)"