Tarsicio Lejárraga

Guarda de Suso. Nace el 15 de agosto de 1914 en San Millán de la Cogolla. Trabajó como labrador y tabernero hasta que en agosto de 1962 la Diputación de Logroño le encarga la custodia del Monasterio de Suso.

Durante 17 años enseñó Suso a todas las personas que se acercaron. En 1972 escribe una guía, y años después otros libros de poesías. Jubilado en 1979, cede el puesto de guardián a su hijo Teodoro.

El 9 de junio de 1985 recibió la primera Medalla de la Rioja junto a Martín Municio, igualmente recibió la Medalla de caballero de la Orden de Cisneros; Medalla al Mérito de las Bellas Artes; Medalla del Mérito turístico;"Guindilla de oro" y El "racimo de oro" de la Fiesta de la Vendimia.

Muere en San Millán de la Cogolla el 25 de noviembre de 2002.
In Memoriam
Podemos decir que la historia de los treinta últimos años de Suso es inexplicable sin Tarsicio Lejárraga. Cuando él se hizo cargo del monasterio de Suso "aquello" no era sino una ruina abandonada, apenas conocida por un grupo muy reducido de personas, si exceptuamos a las de estos entornos. Una ruina que amenazaba con venirse abajo ante el olvido y la incuria de quienes debían velar por conservar la joya que allí se encierra. Así hubiera sucedido si no hubiera mediado el amor singular y el saber hacer de este personaje único que ha sido Tarsicio.

Hombre de la tierra, atado a ella para arrancarle el sustento suyo y de la familia, sin otros estudios que los primarios, se convirtió, andado el tiempo, en verdadero experto en historia de su querido Suso. Curioso por naturaleza, amante de los suyos y dotado de un ingenio natural fuera de lo común se convirtió en un preguntador incansable. En los padres recoletos del monasterio de Yuso, en los estudiosos que de cuando en cuando se acercaban hasta estos lugares o en los libros que fueron cayendo en sus manos encontró los mejores maestros para ser un buen conocedor de la historia, la arquitectura y la vida monástica de Suso y un aventajado discípulo en el decir de Gonzalo de Berceo.

Quienes tenían la fortuna de acercarse hasta el viejo monasterio y escuchar su palabra fácil, cargada de sentido común, de sapiencia añeja y toda llena de gracejo y buen humor no sabían distinguir qué había de viejo juglar enamorado del santo y lo suyo, qué de experto en temas de visigodos y mozárabes o cuánto de hombre bueno que quería contagiar a los demás el amor apasionado que sentía por su querido Suso.

Y todo esto le mereció el reconocimiento público de gentes e instituciones, no es menos cierto que en los años de su custodia -él gustaba de llamarse el guarda de Suso- de esta joya de nuestra historia española se gestó en el interés y el aprecio de que hoy goza Suso, aparte de las notables mejoras que se han realizado y que han culminado en la restauración definitiva que acabamos de inaugurar.

Ha muerto Tarsicio Lejárraga, pero su recuerdo está siempre vivo en el monasterio de Suso, más rejuvenecido que nunca. San Millán lo habrá recibido como hijo muy querido.


Datos facilitados por: P. Juan Ángel Nieto, Prior del Monasterio de Yuso. San Millán de la Cogolla