Rafael Ñúñez Rosáenz

Escritor y poeta nacido en Inestrillas (La Rioja) un 3 de noviembre de 1906 y fallecido en Burgos el 2 de septiembre de 1993, a los 87 años de edad. En el centenario de su nacimiento Inestrillas quiere poner en valor la obra de este inestrillero insigne que abandonó el pueblo en su niñez y mantuvo el recuerdo y el cariño a la tierra que también cantó en sus versos.
De su infancia en Inestrillas no conocemos muchos datos, pero Rafael dice de esta etapa de su vida:

   “Me cupo la suerte de nacer en Rioja fecunda, llamada la Andalucía del Norte, en la que pasé mi infancia rodeado de campos frutales, entre olivos y viñedos, allí donde los ríos, cual líneas paralelas de un viviente pentagrama, se precipitan presurosos en el Ebro, después de fecundar su estrecho valle y de darle a la tierra su verdor y su armonía. De aquel tiempo y de aquellos campos ninguna imagen queda que pueda sugerirme la hostilidad del páramo o la tristeza de los áridos baldíos”.

Cuando Rafael Núñez Rosáenz está todavía en edad escolar (posiblemente tuviera doce años), sus padres se trasladaron a vivir a Pradoluengo posiblemente obligados por la profesión de la madre de la que heredó la vocación por la enseñanza haciéndose maestro, profesión que ejerció en Riera de Somiedo (Asturias), Espinosa del Monte -junto a Pradoluengo- (Burgos), en el mismo Pradoluengo, posteriormente en Santibáñez-Zarzaguda (Burgos). 

En 1936, a la edad de treinta años, la familia se domicilia en Burgos. Desde entonces, crecen sus raíces burgalesas y será en la ciudad del Cid donde nuestro poeta desarrollará su creación literaria. De su matrimonio con María Velasco nacieron José-Luis, Esther y Ana.
Las circunstancias políticas del momento hicieron que fuera apartado de la docencia. En el último pueblo donde ejerció (Santibáñez Zarzaguda), ante la división de los vecinos en los dos bandos del momento, Rafael hizo intentos por favorecer la convivencia entre todos ellos. El poeta recuerda aquellos momentos dramáticos: 

“No tengo más remedio que decirlo;
ciegos estabais, ciegos. Vuestras manos
quisieron desahcerme el alma
y enmudecer mis labios…
… Apelo a Dios si quiere oirme. Él sabe
que recibí contínuamente golpes
para poder salvaros…”

Fue detenido, juzgado y condenado, inhabilitándosele de por vida para ejercer como maestro. Salvó su vida gracias al consejo de un amigo guardia civil evitando un viaje previsto a Burgos del que no habría regresado. El testimonio del pueblo de Santibáñez Zarzaguda reconociendo masivamente que, gracias a su amistosa y pacificadora intervención no hubo en el pueblo la más mínima violencia entre sus vecinos divididos políticamente le ayudó a obtener una sentencia favorable del tribunal que lo juzgó.
Sus días en Burgos transcurrieron dedicados a la empresa familiar que había creado: La tintorería “Castilla”, donde las tertulias poéticas con otros tantos amigos poetas de la ciudad cultivaron en él y en los demás la creación poética abundante y de calidad, además de prodigarse en colaboraciones con distintos medios de comunicación y literarios.
Fue un hombre de conocimientos e inquietudes musicales que le venía de familia ya que su abuelo paterno era organista en Elciego (Rioja Alavesa), su propia madre tocaba el piano y él mismo tocaba distintos instrumentos como el piano, el clarinete, la guitarra o la bandurria. Esta habilidad le llevó a colaborar activamente con la banda de Pradoluengo y en cuantas actividades culturales se organizaban en los campos del teatro o de la zarzuela. Sus conocimientos musicales se habían consolidado con su estancia en el Regimiento de Infantería San Marcial, de Burgos, donde coincidió con el maestro Carmelo Alonso Bernaola (natural éste de Medina de Pomar). En el campo musical, fue subdirector del Orfeón Burgalés y se distinguió por la original faceta de poner letra a varias conocidas composiciones musicales, haciendo de ellas versiones corales. Así, escribió letra para “Claro de Luna”, “A la muerte de un héroe” y “Sonata patética” de Beethoven; “Danza árabe” de Grieg; “Ay triste de mí” de Juan del Encina; para canciones de los músicos burgaleses Ángel J. Quesada y Salvador Vega; y el “Himno a Castilla”.
De formación en buena medida autodidacta, comenzó a escribir en su madurez ya que su dedicación a la literatura se inició en 1950, a los 44 años. Su obra es fruto de 50 años de vida, de experiencias, de lecturas que le permiten escribir con hondura y con verdad, reflejando en sus versos su experiencia vital y sus sentimientos cordiales. La edad no le impidió sentirse siempre joven porque, aun en su ancianidad, mantuvo siempre suficiente capacidad de asombro ante la vida.

Fue la lectura de las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer y la cercanía a su hijo José-Luis en la realización de sus trabajos como estudiante de bachillerato las circunstancias que le indujeron a introducirse por los vericuetos de la pluma y la palabra hasta dar en el poeta que ahora conocemos. “Mi contacto con este poeta fue la lanzada que hizo brotar la fuente de mi inspiración”. A ello contribuyó, sin duda, la afición demostrada por por la lectura de los poetas de la Generación del 27 como Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Dámaso Alonso y, sobre todo, Antonio Machado. Tampoco se puede olvidar la afición de Rafael por autores como Gracilaso, Juan-Ramón Jiménez, Kafka, Gorka o Dostoyewski y otros muchos de los que tenía un conocimiento amplio.

Ha publicado poemas en numerosas revistas especializadas, como “Estafeta Literaria”, colaborador en las páginas literarias de “La Voz de Castilla”, y crítico literario y musical en el “Diario de Burgos”, además de realizar colaboraciones para el “Diario de León” o “La Vanguardia”. 

Participó en distintos certámenes literarios en los que obtuvo distintos galardones como Miranda de Ebtro, Madrid, Burgos o Palencia. Asimismo fue merecedor de la Flor Natural en el XIV Certamen de Exaltación de los Valores Riojanos (1970).

También intervino como mantenedor y pregonero de otros acontecimientos, recitales de poesía, publicaciones conmemorativas en prensa, conferencias sobre diversos temas en los cursos de Verano “Meriné-Sebastián”, del Instituto de Burgos, y en Soria, sobre “Los amores de Antonio Machado”. La Universidad de la Sorbona de París seleccionó su trabajo poético “Epitafio para Antonio Machado”, que fue dado a conocer por la RTV francesa y más tarde incluido en su libro “Variaciones sobre el amor”. 
Sus poemas, de estilo sencillo y al mismo tiempo trascendente, han sido recogidos en seis volúmenes publicados y uno inédito, además de haberse perdido otros muchos que, en su afán perfeccionista, el mismo autor destruyó y que, quien los conoció, lamenta su desaparición. Sus poemas publicados los encontramos en Raíces de silencio (1959) reeditado en 2000, Alba de la palabra (1962), Castilla en la memoria (1971), Burgos, tierra y hombres (1974), La paz, inventario y balance (1977) y Variaciones sobre el amor (1984). A ellos hay que añadir su trabajo inédito “Variaciones sobre el amor (segunda parte). Del amor y de los sueños” (1986?).
En la relación de libros indicados colaboraron en su ilustración pintores amigos de renombre como Luis Sáenz o José Vela Zanetti. Otros escritores y poetas como Carlos Früberck de Burgos, Juan Ruiz Peña y Victoriano Crémer se prestaron gustosos a escribir el prólogo de algunos de sus trabajos.
La paz, la familia, la Naturaleza, Castilla y la Rioja natal son algunos de los temas que que trata Rafael Núñez con profundidad y vitalidad. Predomina en sus poemas la expresión de la alegría del vivir, del valor permanente de la vida por sí misma. Esta vida y esta alegría se recogen en la naturaleza, sobre todo, y en los humamos. La naturaleza viva se concreta en agua, en nieve, en río, en mar, en monte, en bosque... Los humanos vitales son niños, o hijos, o muertos, o madres, o el propio poeta que se muestra sensible con las personas que sufren e intenta conmover al lector y hacerle partícipe de su dolor, como ocurre, entre otros, en sus poemas de “Raíces de Silencio”. Resalta también, casi obsesivamente, los valores del amor y de la paz, deja entrever en sus versos el dolor que le produce la muerte, pero no falta en ningún momento un mensaje de esperanza, predomina en sus poemas un canto de alegría, un canto a las cosas bellas, a la Naturaleza, y siempre apuesta por la esperanza por el hombre. 
El vocabulario y la sintaxis son, por encima de todo, claros. No se trata de pobreza expresiva, sino de la claridad de la palabra justa y la frase correctamente construida. Predomina el registro culto, pero, a veces, se intercalan, como joyas, breves muestras de habla coloquial. En este y en otros aspectos, se perciben coincidencias expresivas y temáticas con un poeta coetáneo, como fue Blas de Otero. 
Su obra está vigente ahora tanto como cuando se escribió y Carlos Früberck de Burgos dice de él que es una de las “voces poéticas más destacadas de nuestra posguerra” siendo las claves de sus “Raíces de silencio” la belleza y profundidad que se engarzan perfectamente en sus versos líricos. 
Su trayectoria cultural y creativa le hicieron merecedor de ingresar en la Academia Burgense de Historia y Bellas Artes Institución Fernán González (1972), institución de la Diputación de Burgos y referente cultural en Castilla y León y en el resto de España. Tras su muerte, acaecida en Burgos en 1993, ha sido homenajeado por poetas burgaleses, se han organizado recitales de su obra y algunos de sus discípulos poéticos y amigos del alma le han dedicado estudios de su vida y obra como son los de Carlos Früberck de Burgos y Bernardo Cuesta Beltrán que han analizado su creación poética y han alabado su calidad humana y literaria. Los comentaristas y tertulianos de su obra le reconocen gran calidad y hondura, y Vicente Aleixandre elogió, a su vez, la hondura poética de su primer libro “Raíces de silencio”.
Rafael Núñez Rosáenz, poeta burgalés conocido y reconocido. Conocido y reconocido en y por la ciudad castellana que lo acogió y con la que se identificó plena y profundamente. Burgos reconoció su valía y aportación a la cultura dedicándole una de sus calles de nueva apertura. Ocurría esto el 3 de junio de 1999, siendo alcalde D. Valentín Niño Aragón. En la misma fecha se dedicaron otras tantas calles, también de nueva a apertura, a personalidades relevantes como el pintor Vela Zanetti, la escritora Rosa Chacel o la lingüista María Moliner, todos ellos de reconocidísimo prestigio cada uno en su campo.

El verso de Rafael Núñez pretende situarse tan lejos del poeta santo llovido del cielo como de los que ven en él un revolucionario en el sentido dinamitero de la palabra. Cree que la misión del poeta no es la de redimir a los pueblos, sino transmitirles un entusiasmo esperanzador. Su cruda experiencia no generó rencor alguno y sobrellevó su dolor con dignidad, lo que le permitió confesar:


libre estoy de pecado.
No quiero abrir heridas, sólo quiero
cerrarlas con mi canto y otros cánticos;
no merece la pena estar viviendo
si no somos capaces de hermanarnos.
La paz no hay más remedio que lograrla
a fuerza de amor puro. Y mientras tanto,
cantemos todos juntos, que es la forma
única de salvarnos.


Rafael Núñez Rosáenz, poeta burgalés conocido y reconocido. Rafael poeta riojano e inestrillero por nacimiento, que hemos descubierto tarde, con cuya lectura recuperamos, dicho con palabras de poeta, “la paz y la palabra, su paz y su palabra”.


Información facilitada por:  José Ángel Lalinde González 

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