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San Gregorio Ostiense |
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| En la Edad Media fueron muy frecuentes las pestes. Incluso se habla de la gran peste. Pero en realidad fueron muchas las que hubo. Eran tiempos de cultura teocéntrica, y las pestes se interpretaban como castigo de Dios. Se acudía a los Santos para obtener su protección y hasta se les asignaba la protección de alguna peste especial. Como San Gregorio de Ostia, al que se acudía como abogado contra la langosta. | |||||||||||||||
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No consta ni la patria, ni los padres, ni su primera educación. Pero muy buena debió de ser, y muchas sus cualidades personales, por los altos cargos a que fue elevado. Se sabe que entró muy joven en la Orden de San Benito, en el monasterio de San Cosme y San Damián de Roma, y ya desde su noviciado brilló por su ciencia y su virtud. Todos auguraban que ornaría de gran honor la Orden benedictina. Pronto se verificó el vaticinio, pues los rápidos progresos que hizo le merecieron el concepto de docto y de santo. Murió el abad de San Cosme y San Damián, y todos le eligieron como sucesor. En vano se excusó por todos los medios que le sugirió la humildad, pues, convencidos los monjes de las cualidades de que estaba adornado Gregorio, insistieron en la elección hasta conseguirlo. Desempeñó el cargo con tanto celo, prudencia y suavidad que pronto la disciplina monástica brilló en el monasterio, debido a sus sabias exhortaciones, a sus muchas virtudes y a sus edificantes ejemplos. |
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