Santo Domingo de la Calzada

Nació en Viloria de Rioja, en una humilde familia. Hacia el año 1050 decidió ser monje benedictino pero le rechazaron en los monasterios de Santa María de Valvanera y San Millán, tomándole quizá por vagabundo o por algún fugitivo de las tareas del campo, por lo que se decidió por la vida eremítica. Y en los montes que rodean al San Lorenzo, pasó cinco años dedicado a la oración y penitencia.

  Sucedió entonces que el Papa Benedicto IV envió como Legado a Gregorio de Ostia, a Navarra y La Rioja, para que les llevara consuelo en una plaga de langosta que asolaba aquellas regiones. Cuatro años vivió Domingo en el séquito de Gregorio, con gran provecho espiritual. Cuando San Gregorio muere en Logroño, Domingo decide quedarse en la vega riojana, para socorrer a los muchos romeros necesitados que cruzaban por allí. 

En la Edad Media cobró gran auge—junto con Roma y Jerusalén— la peregrinación a Santiago de Compostela. De noche, se orientaban los peregrinos por la Vía Láctea, llamada por ello Camino de Santiago. De día... Desde Roscenvalles hasta Nájera estaba bien marcada la ruta del camino francés. Después se borraba el camino. Veredas inhóspitas, infestadas de alimañas y salteadores, los montes de Grañón y Cirueña, los encinares de Carrasquilla, el valle del Oja, la Bureba burgalesa... Un verdadero riesgo. Ya lo dice el viejo cantar: "Vos que andáis a Santiago, mire vostra mercé, non ay puentes nin posadas nin cosa para comer". Era una aventura. Nuestro Santo había encontrado su vocación: ser el buen samaritano, el ángel protector de los romeros a Santiago, mejorar los caminos, preparar albergues, movido únicamente por su deseo de ayudar a los peregrinos. 
A Santo Domingo se le atribuyen muchos milagros. Pero él no ahorró esfuerzos por facilitar el paso a los romeros. El Santo Patrono de la ingeniería española construyó primero una ermita dedicada a Santa Maria, desde la que exploraba el horizonte para acudir en ayuda de cualquier prójimo en apuros. Edifica después un albergue, en el que hace de albañil, enfermero y hospedero. Luego busca recursos y levanta el famoso puente sobre el Oja, que todavía subsiste, después de diez siglos. 

Más tarde tala montes y construye una calzada, que llegará a ser su glorioso apellido. Se le agregan muchos para colaborar con él, y empieza a nacer una ciudad, Santo Domingo de la Calzada "ciudad cortés e hidalga con la caridad de Cristo que inflamó a su Fundador, por cuyas calles aparece todavía la sonrisa amable que hace mil años acogía a los peregrinos".  San Juan de Ortega y Santo Domingo de Silos, que lo conocieron, atestiguan las múltiples obras de caridad llevadas a cabo durante más de sesenta años por este benefactor insigne de la humanidad. 

Habiendo muerto nonagenario en 1109, se conservan documentos oficiales de 1112 en que ya le denominaban Santo. Para albergar el sepulcro que conserva sus venerables restos, se construyó después una hermosa catedral, de arte gótico primitivo. 
Según una bella leyenda, Domingo no se limitó a proteger en vida. Cuenta la tradición que entre los muchos peregrinos compostelanos que hacen alto en esta ciudad para venerar las reliquias de Santo Domingo de la Calzada, llegó aquí un matrimonio alemán con su hijo de dieciocho años llamado Hugonell. La mesonera donde se hospedaron se enamora del muchacho, que la rechaza.
Furiosa la moza, introduce en el bolso del joven una copa de plata, y cuando los peregrinos siguieron su camino, la muchacha denuncia a! joven por ladrón. El juez lo hace ahorcar, las leyes de entonces (Fuero de Alfonso X el Sabio) castigaban con pena de muerte el delito de hurto y una vez fue prendido y juzgado, el inocente peregrino fue ahorcado.
Al cabo de un mes, cuando sus padres regresan de Santiago y se acercan al patíbulo para rezar por el hijo, se encuentran con que éste está vivo, suspendido de la cuerda, y les suplica que acudan al juez de la ciudad para que lo suelten y lo dejen en libertad. El juez se encuentra sentado a la mesa a punto de trinchar una gallina; al oírles, suelta una estrepitosa carcajada y añade: ¡Tan cierto es el cuento que me acabáis de narrar como que esta gallina está viva! La gallina se incorporó sobre sus patas y saltó fuera del plato. El Juez ordenó inmediatamente que se descolgara al joven y se castigara a la moza. Así que, después de muerto, Santo Domingo seguía protegiendo a sus romeros.

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