Daniel González Ruiz

Nació el 16 de febrero de 1893 en Cervera del Río Alhama. Hijo del alpargatero Vicente González y de Ignacia Ruiz. En ese mismo año, y por motivos profesionales, se traslada la familia a Comillas (Cantabria). Tras seis años en dicha localidad se instalan en Vitoria. Allí, en la Escuela de Artes y Oficios, iniciará Daniel su aprendizaje artístico.

En agosto de 1907 comienzan en Vitoria las obras de la nueva catedral. Para realizar la talla ornamental necesaria para la decoración del templo se crea un taller de escultura. Según la memoria de licenciatura que sobre Daniel y su obra realizó en 1979 Lourdes Cerrillo Rubio para la Autónoma de Madrid (y en la que se basa el presente apunte biográfico), Daniel entrará a formar parte de este taller en 1910, siendo esta experiencia la gran escuela práctica del artista y, probablemente, el punto de partida de su vocación escultórica. El naturalismo expresionista que marca el tono en la ornamentación de la catedral vitoriana, tendrá su influencia tangible en las primeras obras de Daniel González.

  Primer viaje a París
En 1914 se paralizan las obras del templo (que no se reanudan hasta1946) y, como reflejo inmediato, el taller de escultura cerrara sus puertas. El joven Daniel González decide ir a la capital mundial del arte y las vanguardias. Daniel va a París. Es este primar viaje de carácter formativo, un importante punto de contraste entre el oficio adquirido en el taller de escultura vitoriano y el bullicioso movimiento artístico que nutre París de innovaciones estéticas, manifiestos y rupturas. Un importante contraste entre el tradicionalismo que siempre inmovilizó el panorama artístico español y los constantes avances que, con París como lugar de encuentro, protagonizaban escultores, pintores, arquitectos, poetas llegados de todo el mundo. Pero esta primera experiencia parisina de Daniel González, de la que apenas hay datos (y los que hay no sobrepasan el umbral de lo anecdótico), no fue lo suficientemente larga, unos cuatro meses, para que Daniel asimilara la vanguardia francesa, la ruptura con el academicismo escultórico encabezada por Rodin, los hallazgos cubistas, las innumerables escuelas y tendencias. Regresar a España y su ostracismo supuso bloquear esta etapa formativa.
Sin embargo, la huella de la vanguardia quedará patente en una serie de 47 dibujos realizados por Daniel entre 1914 y 1918, con temática de figura humana (grupos y maternidades). Formalmente van desde el academicismo convencional, con preocupación por el sombreado, el escorzo y la minuciosidad anatómica, hasta una serie de bocetos para posteriores realizaciones escultóricas, donde se refleja palpablemente su aprendizaje parisino y su contacto, aunque breve, con las nuevas tendencias artísticas. Denominados estos últimos por el propio escultor como «Ideas, escultura arquitectónica», superan el academicismo anterior mediante la esquematización en planos de los volúmenes. Los escorzos son aquí sustituidos por visiones combinadas, en sus tibios intentos por asimilar el cubismo. Encuentran su construcción en fuertes líneas rectas que remitan al bloque, a la idea de pre-escultura. Pero sólo algunos de estos bocetos encontraron su plasmación efectiva en esculturas. Desparecidas algunas de ellas, y sin fecha concreta de realización (si bien son anteriores a 1925) mantienen su estética dentro de las formas clásicas. 

Vuelta a España: 1914-1918
Durante su estancia en España (1914-1918) participa en la decoración del Palacio de Telecomunicaciones de Madrid, quedando su labor en el anonimato de la piedra. Viaja después a Bilbao, donde por encargó del arquitecto Julio Apraiz, realiza la decoración de la fachada del Banco de España. Diseñada por el arquitecto, Daniel nunca consideró ésta obra como personal. También durante aquellos años se desplaza a Biarritz, participando en la decoración de su casino. Alternando con estas obras de encargo, esculpe varios bustos que pasan por un primer idealismo propio de la estética griega, para llegar a un tratamiento más naturalista y cierta búsqueda de la expresión psicológica. Son asimismo de esta época los desnudos femeninos, el segundo de ellos un bajorrelieve con ciertas connotaciones miguelangelescas.

Segundo viaje a París
El 1918 emprende su segundo viaje a París, con la intención de asentarse allí definitivamente. Contacta enseguida con el grupo de artistas vascos de la colonia española, entrando a trabajar en el taller del escultor Francisco Durrio. La amistad de Durrio con muchos de los artistas españoles afincados en París y, en especial, con Picasso y Zuloaga, pudo ser para Daniel un importante punto de apoyo a la hora de introducirse en el ambiente artístico parisino, según apunta en su tesina Lourdes Cerrillo Rubio.
Daniel González abandona el taller de Francisco Durrio al establecer contactos personales con diversos marchantes de la ciudad. Con Fréderic Gregoire, editor de libros de lujo, sus retratos abandonan el eclecticismo inicial para tomar personalidad escultórica definida.

Gustave Geffroy, presidente de la Académic Goncourt, y director de la Manufactura de los Gobelinos, publicaba una elogiosa reseña crítica en la revista «Fémina», a propósito de un busto de Campagnola, primer tenor de la Opera de París, realizado por Daniel. En dicha reseña afirma entre otros comentarios: «Se adivina que Daniel González conoce el lenguaje universal del arte. Uno se persuade, sobre todo, de que es un ardiente escultor ante la naturaleza, sabio en reunir los detalles precisos para lograr la síntesis expresiva deseada», y da el calificativo de «obra maestra» al busto de Campagnola.
Anteriores a 1926 son también los bustos del marchante Ferro y de su hija (donde prescinde del detalle anatómico en beneficio de una fuerte sensación volumétrica, a través de grandes planos), de Jane Reouardt. actriz y directora de I Teatro Daunou, la «Cabeza en terracota», en la que se interesa por las posibilidades plásticas del cabello. También su «Autoretrato» (1926), quizá la obra más representativa de su estética, en cuanto que combina el dominio de formas nuevas con el estudio sicológico de la etapa española.

El aval de Picasso
En los años que siguen participa en varias exposiciones. Pablo Picasso, del que Daniel fue ferviente admirador, le firma un autógrafo en 1928 como referencia de garantía artística, de cara a conseguir en España una subvención oficial para continuar y ampliar sus estudios. El 2 de julio del mismo año llega a Vitoria.
El desnudo femenino titulado «Arrogancia», favorito de Picasso, marca un punto de cambio estilístico en su trayectoria. Si bien se mantienen sus constantes volumétricas, prescindiendo de la minuciosidad anatómica, utiliza en esta ocasión la irregularidad de la textura como elemento expresivo. Pasa así de la escultura de bloque a la escultura de modelado: «Las formas ya no son absolutas y cerradas, y su densidad plástica nos remite más al elemento masa que al elemento volumen» . Introduce además, mediante la línea diagonal, una clara sensación dinámica, que posibilita numerosos puntos de vista, diversas interpretaciones.
El encargo de la Diputación de Logroño
En 1929 la Diputación de Logroño le encarga los bustos de Gonzalo de Berceo y del Marqués de la Ensenada, para participar en la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Vuelve así. de nuevo, Daniel González a España, realizando las obras en su Cervera natal.
A falta de muestras iconográficas, se inspirara para dar forma a Gonzalo de Berceo en la fisonomía del cerverano Cipriano Jiménez. La condición de monje y escritor del «primer poeta de la lengua castellana». la reflejará Daniel a través del hábito con que va vestido y unos pliegos y una pluma que sujeta entre sus manos. A nivel estilístico, el busto de Gonzalo de Berceo es una prolongación y evolución de la «Arrogancia». Hay, en esta ocasión, un mayor detenimiento anatómico (rostro y manos), pero se mantiene la superficie accidentada, dando protagonismo al material trabajado. 

Busto de Gonzalo de Berceo

Para el busto del Marqués de la Ensenada partió de los retratos al óleo que del personaje se conservan. Ambas esculturas se exhiben desde 1951 en el exterior de la ahora Comunidad Autónoma, escoltando la entrada principal.

En abril de 1930 hace su primera exposición de carácter individual en el Ateneo Riojano. En ella se exhiben los dibujos antes comentados y tres proyectos de monumentos (a la «Raza Ibérica», a «Gonzalo de Berceo» y el «Monumento de la Paz»), sin que ninguno de ellos llegara a realizarse. Los dos primeros tenían prevista su instalación en Logroño, y el tercero en Vitoria. Los dos monumentos destinados a Logroño no fueron encargados por ningún estamento oficialismo la prolongación de unos intereses surgidos del Ateneo Riojano, y recogidos por Daniel. El proyecto del monumento a Gonzalo de Berceo o, por extensión, al idioma castellano, se conserva, junto a gran parte de la obra, en el domicilio de su familia, a la espera de que la Comunidad Autónoma, u otra institución, decida darle luz verde.
En 1931 inaugura su única exposición individual en Paris: «Atellier Perrier», con excelente acogida crítica. A ella pertenece el busto del banquero parisino Silven Snerf, siguiendo una línea similar a la desarrollada en el busto a Gonzalo de Berceo. También de esta época es una serie de dibujos al carbón, acuarela y óleos, de temática paisajística, con leves resonancias cubistas algunos de ellos.

El principio de la enfermedad
En 1921 regresa a España para hacer un mausoleo en el cementerio de Logroño, encargado por los hermanos Cadarso. Dos años después, tras haber contraído matrimonio, comienza a aparecer los síntomas de la enfermedad de Parkison, que terminarán cortando su trayectoria artística. Durante los primeros años de enfermedad seguirá trabajando. Realiza el busto del niño Angel Cadarso; un nuevo mausoleo por encargo de la Funeraria Pastrana, que posteriormente sería transformado, al encontrar los familiares que le faltaba cierto sentimiento religioso. 
Autorretrato (1926) En 1934 participa en un concurso convocado por los Gobiernos de España y Méjico, para construir un monumento a la amistad entre los dos países. Su proyecto será seleccionado, junto al de Angel Ferrant, pero no llegaran a realizarse ninguno de ellos.
En 1936 hace una representación en busto de la República para participar en un nuevo concurso. Ya antes, en 1934, había comenzado la representación del Ahorro para Vitoria adjudicada en concurso abierto. El agravamiento de la enfermedad demorara esta tarea, que no finaliza hasta 1938. En su última obra, exceptuando un proyecto de monumento que ganaría el concurso patrocinado por el Ayuntamiento de Vitoria conmemorando la traída de aguas a esta ciudad. Tampoco llegó a realizarse. El Parkinson, ya en estado muy avanzado, había terminado por imposibilitar al artista su trabajo creador. Tras vivir en Lodosa (Navarra) y Agoncillo (La Rioja), se instala definitivamente, con su mujer e hija, en Logroño, en 1960. El 27 de junio de 1969 muere, a los 76 años, en su casa de Marqués de la Ensenada, número 8. Había permanecido quince años paralítico y más de treinta enfermo y apartado de los medios artísticos. 
Se truncó así una carrera en plena evolución, que hace pensaren lo que pudiera haber sido la obra de Daniel González no realizada. Una trayectoria perfilada en tomo a la línea tradicional o figurativa, como así señalaba el mismo en el único texto que de su pensamiento estético conocemos: «Opino que las nuevas tendencias no deben desconectarse de las tradiciones de tos dogmas del arte. Quien, sintiéndose vanguardista de cualquier manifestación artística, desdeña estas tradiciones, corre el riesgo de incurrir en divagaciones y devaneos tan estériles como extravagantes»

Reconocimientos

El 24 de mayo de 1985 el Ministerio de Cultura selección varias obras de Daniel para la exposición celebrada en el Palacio de Velásquez “Escultura española 1900-1936. En 1986 la colección del Senado adquiere para la sala de las Comunidades Autónomas, representando a La Rioja la obra de Daniel, la cabeza del violinista Canepa, realizada en bronce y al cual el escultor riojano le oía tocar en los conciertos y al volver a casa modelaba su retrato. 

El 25 de mayo de 1985, es inaugurado solemnemente el nuevo Instituto de Enseñanzas Medias “Escultor Daniel” en Logroño. El histórico momento contó con la presencia de José María de Miguel, presidente de la Comunidad Autónoma y de otras diversas autoridades. El primer director del Centro, Muñoz Ortega, inició el acto comentando los pormenores de su construcción desde la fecha 25 de junio de 1982, día en que el mismo fue creado.

El 27 de octubre de 1989 fue presentado el libro” El escultor Daniel González”, publicado por el Instituto de Estudios Riojanos en colaboración con la Confederación Española de Centros de estudios Locales, fruto de la tesina de licenciatura de la investigadora riojana Lourdes Cerrillo. 

El Gobierno de La Rioja, en 1990 le concedió a título póstumo la Medalla de Oro de La Rioja. El acto de entrega se celebró en el Monasterio San Millán de la Cogolla el 9 de junio y pronunciando el panegírico el director del Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid, Tomás Llorens Serra.

En 1991 el Museo Nacional Centro Reina Sofía adquiere cuatro esculturas y trece dibujos del gran artista riojano.

Entre el 17 de mayo y el 30 de junio de 1991, Cultural Rioja, con la colaboración del Ministerio de Cultura y el Museo Nacional Centro Reina Sofía organizan una exposición antológica en la Sala Amós Salvador de Logroño, donde se ofrece la actividad creadora que Daniel González desarrolló en París de 1918 a 1932 en escultura, pintura, dibujo y escultura monumental.

24 de enero del 2003. Daniel González, es el protagonista de la muestra sobre arte español del siglo XX que organizala Cultural Rioja en la Sala Amós Salvador y que con el título “Cambio de Siglo” permaneció en Logroño hasta el 23 de febrero.

El 3 de agosto del 2004, el Museo Rodin, elige la obra “Arrogancia” para una exposición sobre la revolución escultórica del Siglo XX. Esta obra es una figura que en su momento elogió el mismísimo Pablo Picaso y que representa para los estudiosos del artista cerverano un punto de inflexión en su carrera.


Datos aportados por: Joaquín Gómara

Riojanos Ilustres