| " La mujer de las caricias al alma" |
| Autor: Walter
Darío Mega |
| Caminaba apurado, corriéndole
a la vida que me había tocado,miles de obligaciones atormentaban
minuto tras minuto mi reloj, y ninguno de estos minutos los utilizaba
para darme cuenta que la vida ahí estaba, toda para mi, esperando
ser disfrutada. Quizás por eso fue que no podía mantener
ninguna relación, o quizás ninguna relación había
sido lo suficientemente importante, quien sabe, lo que se, es que caminaba
apurado, mirando solo hacia donde y no por donde.
Creo que el golpe que nos dimos al chocar, fue mucho menos fuerte de lo espectacular que fue el desparramo de papeles y personas que hubo en la vereda de aquella calle, nuestra calle, la ayude a levantarse e inmediatamente después le comencé a levantar uno tras otros sus papeles, que no eran mas que dibujos, retratos, todos a lápiz, y seguramente representaban los bosquejos nacidos en la mente de esa mujer, que por mi apuro, no había reparado siquiera en mirarla. Pero sus dibujos me cautivaron, los paisajes de calma dejaban es paz en mis retinas, no puedo negarlo, quede realmente atónito al ver un retrato de ella misma, pero desnuda. Su cuerpo era un sinfín de curvas, y por primera vez me di cuenta que si había alguien a quien amar no había dudas que seria ella, recorrí su cuerpo creo que cien veces, no quería perderme ni un solo rasgo de su belleza, no podía dejar de mirarla, era un magnetismo intenso, claro, y real. - ¿Nunca viste una mujer desnuda? - Me pregunto graciosamente,regalándome su sonrisa. - Si, pero nunca una mujer tan hermosa - Conteste. Creo que lo sonrojado de sus pómulos hacían juego con
las pecas que Quizás parezca un tanto exagerado, pero los minutos que le estaba
robando a Volvió a mirarme y no dijo nada, la tome de la mano y la lleve al bar mas cercano, donde al ritmo de unas copas, me contó de su vida y yo la mía. No podría decir que pasaron minutos, segundos, horas o días.
Solo se que el tiempo no transcurría esa tarde, y que comenzaba
a vivir la vida, quizás por No podíamos dejar de mirarnos, la sensación de unión era muy grande, nos hablamos de nuestros amores, y ahí me di cuenta que ella había sabido amar mas que yo, y me sentí un imbecil al darme cuenta todo lo que me había perdido de la vida. Me contó que la lastimaron sistemáticamente miles de veces, pero que nunca había dejado de buscara quien no solamente le recorriera su cuerpo, sino que también le acariciara el alma. - ¿Alguna vez sentiste el roce del alma de tu amada, en tu cuerpo?
- - ¿Alguna vez, aparte de sentir con tu cuerpo, dejaste tu corazón libre, abierto, y desnudo? Que puedo decirles, ella era así, sus preguntas hacían una y otra vez, sentir que mi vida llena de obligaciones, tiempos y retardos, había sido un desperdicio. - ¿Alguna vez, te reíste mientras hacías el amor? - Continuaba, a pesar de mis silencios. Luego y de la mano, caminamos hacia mi departamento, era de noche ya. Recuerdo parar frente aquel teatro, debajo de un tilo, y comerle la boca, dejando de mi cuerpo y mi alma recibieran sus caricias. Por primera vez me besaron, por primera vez me abrazaron, me dije sorprendido. Y es que ella sabia como hacer sentir en un abrazo, todo aquello que uno puede intentar de miles de formas, y no encontrar ninguna. Ya en mi departamento, nos sentamos en el sillón grande. Seguimos conversando, y me hablamos de amores, vida, experiencias. Pensé que no había quedado ningún tema por conversar, y hubiera sido ese mi pensamiento hasta el día de hoy, si no hubiera sido que los ocho meses que duro nuestra relación, hubieran sido de conversaciones sobre amores, vida, y experiencias, esa noche, lloramos, nos reímos de nosotros mismos, y nos abrazamos un centenar de veces. Hasta que nos dormimos. Increíblemente y a pesar de la profunda unión que había nacido esa tarde, y de la confianza innata entre nosotros, no habíamos hecho el amor, y al despertar nos reímos de eso, como también de lo romántico que había sido dormir para ella apoyada en mi falda, claro, nos reímos por lo contracturados que nos despertamos. Creo que los dos sabíamos que aquella tarde habíamos encontrado alguien que seguramente se convertiría en el único. La acompañe al trabajo, y durante el viaje me acompaño esa sonrisa plena, y al dejarla sentí que se me desgarraba el corazón. Ese día no pude trabajar, les soy sincero, no deje de pensar un segundo en ella, y estoy seguro que a ella le paso lo mismo conmigo. Al terminar mi horario, fui a buscarla a pesar de que faltaban dos horas para que ella terminara su horario. Pero a pesar de eso, vi que salía. Y sin dejar de mirarme se dirigió directamente a mi auto. Al llegar, me rompió la boca de un beso, y me dijo que no hubiera soportado un segundo mas sin mi. Creo que de un salto, llegue con el auto a mi departamento. Los botones de nuestras ropas quedaron por todo el piso de la casa, nos quedamos desnudos, y nos amamos desde el cuerpo hasta el alma, y por fin le encontré respuesta a sus preguntas. Los ocho meses, y veintitrés días siguientes fueron exactamente iguales. Lo ultimo que recuerdo de ella, fue su llanto, y su agradecimiento. - Gracias, por haber sido el único que recorrió mi cuerpo sin olvidar de acariciar mi alma. - Me dijo, con sus ojos llenos de lagrimas. Se que me amo, como solo se puede amar una sola vez en la vida, se que me entrego lo que las mujeres solo entregan cuando además de amar, sienten que ese amor es recibido entre los brazos sinceros de un corazón desnudo, en un abrazo eterno y único. Nuestro amor fue así. Ese día me robaron el alma, me quitaron el aire y me dejaron sin vida."Fue un accidente", dijeron. Y a pesar del dolor, se que al amarla pude vivir, al menos ocho meses y veintitrés días de los treinta y un años que tengo. Nunca la olvidare, como olvidar a quien me enseño lo que se siente cuando te acarician el alma, quien me mostró que estoy vivo, quien dejo en mi corazón, ese aroma a jazmines, esa marca imborrable, y esos latidos de eternos amor, y quien en ese dibujo, no solo me dio el recuerdo de su cuerpo desnudo, sino el del momento en que su alma se desnudo ante la mía. |