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pila Juana de Asbaje y Ramírez.
Aprendió a leer a los tres años cuando a escondidas de su madre, acompañaba a su
hermana mayor a sus clases, y surgió en ella un deseo tan grande de aprender a leer que le mintió
a la maestra diciéndole que su madre ordenaba que también a ella le diese la lección.
Su crianza estuvo a cargo del abuelo materno, Don Pedro Ramírez, en una hacienda de Panoayán, México
hasta su muerte en 1656, cuando por orden de su madre se dirige a la
capital. Allí reside bajo la tutela de su hermana, María Ramírez, y toma clases de latín con el
bachiller Martín de Olivas, logrando dominar la lengua con tan sólo veinte lecciones.
Cuando tenía apenas trece años, Juana Inés fue llamada a la corte virreinal para servir como dama
de la virreina doña Leonor Carreto, Marquesa de Mancera, quien era una dama muy culta y sentía un
gran amor por las letras. El ambiente de la corte influyó definitivamente en la formación de
Juana Inés, pues los virreyes protegieron a Sor Juana de manera decidida.
El virrey, asombrado por la sagacidad demostrada por Juana, convocó a cuarenta letrados de varias
facultades para que le aplicaran a la joven una prueba extraordinario y ésta, dejando sin argumentos a los académicos, superó el examen en condiciones
de excelencia, lo cual despertó una gran admiración hacia su
persona.
Entró en el Convento de San José de Carmelitas Descalzas en el 14 de agosto
1667 poco antes de cumplir los 16 años escogiendo así un camino de vida propio,
ni la corte ni el matrimonio, del que tantas veces renegó. Toma
esta decisión ya que era la única opción que tenía una mujer para poder dedicarse al estudio.
Apenas tres meses después de su ingreso, se vio forzada a abandonar el convento, pues la severa disciplina de la
orden hizo grandes estragos en su salud.
Un año y medio permaneció en Palacio y después regresó a la vida de religiosa, esta vez en el
convento de San Jerónimo, también una orden de clausura, pero más flexible
que la anterior. El 24 de febrero de 1669 tomó los votos definitivos y se convirtió en
Sor Juana Inés de la Cruz. Allí Sor Juana Inés de la Cruz escribió
la mayor parte de su obra y alcanzó la madurez literaria, pues pudo compartir sus labores de
contadora y archivista del convento con una profunda dedicación a sus estudios. Aunque le fue
ofrecido el lugar de Abadesa del convento, Sor Juana lo rechazó en dos oportunidades.
Sor Juana se dio a conocer con prontitud, y desde entonces fue solicitada frecuentemente para
escribir obras por encargo (décimas, sonetos, liras, rondillas, obras de teatro, etc.), entre las
cuales destacó Neptuno Alegórico en 1689. Sus motivos variaron siempre de lo religioso a lo
profano. En 1692 se hizo merecedora de dos premios del concurso universitario "Triunfo
Parténico".
Su amor por la lectura le llevó a armar una colección bibliográfica de cuatro mil volúmenes que
archivaba en su celda, que llegó a ser considerada la biblioteca
más rica de Latinoamérica de su tiempo. Poseía además instrumentos musicales y de investigación científica,
lo que pone en evidencia que su formación intelectual alcanzó las áreas de astronomía,
matemática, música, artes plásticas, teología, filosofía, entre otras.
Una carta escrita por Sor Juana Inés de la Cruz a Sor Filotea de la
Cruz, el obismo de Puebla llamado Fernández de Santa Cruz
cambiaría el curso de su vida, en dicha carta criticaba un sermón del padre Vieyra, un
jesuita portugués de conocida trayectoria como teólogo. Además de
que cuestionaba las distancias entre el amor divino y el amor humano, lo
celestial y lo terrenal . Constituye un intenso ensayo autobiográfico y declarativo de principios
intelectuales, y que fue el principio de su fin en una sociedad inquisitorial y patriarcal que no
podía admitir la genial libertad de espíritu, sobre todo en una mujer.
El revuelo que originó esta carta terminó por volverse en su contra
cuando el obispo de Puebla, Sor Philotea, o Fernández de Santa Cruz, le instó a dejar las
actividades académicas y a dedicarse a las labores del convento. A pesar de que Sor Juana se
defendió a través de una carta donde reclamaba los derechos culturales de las mujeres y abogó por
su propio derecho a criticar el sermón y formar su propio pensamiento, terminó por obedecer y,
renunciando a sus instrumentos y a su biblioteca. Dedicándose por
el resto de sus días a la vida conventual.
Sor Juana Inés de la Cruz murió víctima de una epidemia mientras acudía a las hermanas en el
convento el día 17 de abril de 1695. Fue inmortalizada con el nombre de la Décima Musa.
De su extensa obra destaca: la silva, al modo gongorino de las Soledades, el Primero Sueño,
entramada red alegórica de su búsqueda interior, obra que ha merecido la asombrada y admirativa
atención de Karl Vossler, Menéndez Pelayo, José Gaos y Octavio Paz.
La virreina y mecenas de Sor Juana, su amiga Leonor Carreto, se encargó de la primera publicación de su obra, la colección
poética Inundación Castálida. La edición completa de sus obras la llevó a cabo Méndez
Plancarte, editada en 4 tomos por el Fondo de Cultura Económica en 1951.
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