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En 1879 a los doce años de edad escribió su
primer poema, el soneto "La Fe".Y en 1880 aparecen
sus primeros versos en el diario "El termometro".
Escribió: Naturaleza, Al Mar, A Víctor Hugo, Clases,
Una Lágrima, Desengaño, A..., El Poeta y A Ti,
firmando con los anagramas de Bruno Erdia y Bernardo I.U.
Desde muy joven se dedica al periodismo y sus primeros pasos
en este campo los realiza en el períodico La Verdad en 1881,
de la ciudad de León, donde publica artículos y crónicas de
diversa índole, continúa en otros como La época o El Mercurio
de Valparaíso, y culmina en La Nación de Buenos Aires. En este
último periódico publica una serie de semblanzas sobre escritores
y artistas que anunciaban «nuevas maneras de pensamiento y de
belleza» que, más adelante, formaran parte de su emblemático
libro Los raros (Buenos Aires, 1896). Allí, tras los nombres
de Whitman y Verlaine, Edgar Allan Poe, Lautréamont, Valle-Inclán,
Mallarmé, Leopoldo Lugones o el cubano José Martí, forja Darío
la genealogía literaria de su cuantiosa prole de libros.
En 1882 leyó el poema "El Libro" en el Palacio
del Ejecutivo, y el gobierno nicaraguense le ofreció
pagar los gastos de sus estudios en el Colegio de Granada pero
no aceptó. En 1882 se fue al Salvador donde dictó
clases de gramàtica y regresó a Nicaragua en 1883.
En ese mismo año escribió Alegorías.
Reside durante un tiempo en El Salvador y en 1885 viaja a Chile,
donde colabora con varios periódicos locales. De su estancia
chilena son fruto varios libros entre los que destaca Azul en
1888. Este libro de poemas y cuentos escrito y publicado en
Chile, es la primera revelación del amplio espíritu
moderno de Darío, que un año antes había
ya publicado Rimas y Abrojos. Representa la primera tentativa
por asimilar «al idioma español las cualidades
plásticas, pictóricas y musicales del francés»,
experimentando con nuevas formas como el poema en prosa. Azul
llamó la atención de la crítica y que el
escritor español Juan Valera alabó mucho.
De regresó a Managua se casó con Rafaela Contreras.
En 1891, quince meses después nació su primer
hijo y en 1893 murió su esposa. En 1892, viajó
a España como representante del Gobierno nicaragüense
para asistir a los actos de celebración del IV Centenario
del descubrimiento de América.
Posteriormente se suceden una serie de por Estados Unidos, Chile
y Francia, y una residencia en Buenos Aires trabajando para
el diario La Nación, lo que le dio una reputación
internacional. En Buenos Aires empieza a forjarse un nombre
dentro del periodismo y la poesía a partir de 1890. Entra
en contacto con la juventud literaria, Roberto J. Payró,
Alberto Ghiraldo o Ricardo Jaimes Freyre con quien funda en
1894 la Revista de América, y con ellos se entrega a
la «vida nocturna, en cafés y cervecerías».
Prosas profanas y otros poemas (1896) supone la consagración
de la poética dariana. A pesar de la «sencillez
y poca complicación» que declara Darío,
poemas como «Ama tu ritmo...» o «Yo persigo
una forma...» dan cuenta de la nueva estética,
proclamando todas las novedades conceptuales y formales de la
poética modernista. Un renovado lenguaje fundador de
nuevos universos creativos.
Colabora asiduamente en periódicos como La Nación
de Buenos Aires y precisamente es enviado por dicho periodico
en 1898 a España con el objetivo de indagar en las repercusiones
de la pérdida por este país de la mayor de las
Antillas y escribió los artículos «El triunfo
de Calibán»; «El crepúsculo de España». Allí conoce a Juan Valera,
Salvador Rueda, José Zorrilla y a Marcelino Menéndez y Pelayo.
Recita versos en el salón de doña Emilia Pardo Bazán y vive
la bohemia madrileña junto a Manuel Machado, Emilio Carrere,
Eduardo Marquina y Alejandro Sawa, quien además le descubre
las sorpresas del viejo París y le presenta a Verlaine en el
café d'Harcourt del Quartier latin. En esta estancia en Europa,
alterna su residencia entre París y Madrid, es aquí,
en 1900, cuando conoce a Francisca Sánchez, una mujer
de origen campesino, con la que tuvo un hijo y vivió
con ella hasta el resto de sus días.
Convertido en un gran poeta de éxito en Europa y América,
fue nombrado representante diplomático de Nicaragua en
Madrid en 1907, lo que le obligaba a viajar y de ahí
que esté considerado como el 'embajador del modernismo'
en el mundo. Darío era un hombre que no había
olvidado sus raíces provincianas aunque se había
transformado en un cosmopolita total, pero veía que el
mundo jubiloso de Europa estaba acabando.
En 1913, cae en un profundo misticismo y es cuando se retira
a la isla de Mallorca. Allí empieza a escribir una novela
La isla de oro -que nunca llegó a concluir- en la que
sobre todo analiza el desastre hacia el que está caminando
Europa. También compone Canto a Argentina y otros poemas
(1914), un libro dedicado a este país en el año
de la celebración de su centenario.
En 1915, enfermo y escapando de un continente desgarrado por
la I Guerra Mundial, regresó a América. A las 10 de la noche
del 6 de febrero de 1916 murió Darío a los 49
años de edad en León, la ciudad de su infancia.
Frente a su distinguido cadáver de poeta desfilaron durante
cinco días miles de personas.
Rubén Darío aportó a la literatura de Amárica
Latina innovaciones fundamentales, nuevas combinaciones métricas,
sorprendentes cambios de acentuación, pausas intermedias,
ritmos y rimas interiores, juegos prodigiosos de asonancia y
disonancia. Lo original de Rubén Darío es que
no imitó a ninguno. En sus poemas y prosas no fue un
imitador del romanticismo, naturalismo, ó simbolismo
de su epoca. Fue una combinación de todos ellos que la
equación se igualó a un Rubén Darío
único.
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