Rubén Darío (Félix Rubén García Darío), nacio en Metapa, hoy Ciudad Darío, departamento de Matagalpa, Nicaragua el 28 de enero de 1867. Hijo legítimo de Manuel García Darío y Rosa Sarmiento Darío. Fue el matrimonio de sus padres por conveniencia, arreglado por las familias de ambos y producto de que la relación era forzada a los 8 meses se separaron y un mes más tarde vino Rubén al mundo.

Fue criado por sus tíos abuelos Bernarda Sarmiento y el coronel Felíx Ramírez Madregil. Aprendió a leer cuando apenas tenía tres años.

En 1879 a los doce años de edad escribió su primer poema, el soneto "La Fe".Y en 1880 aparecen sus primeros versos en el diario "El termometro". Escribió: Naturaleza, Al Mar, A Víctor Hugo, Clases, Una Lágrima, Desengaño, A..., El Poeta y A Ti, firmando con los anagramas de Bruno Erdia y Bernardo I.U.

Desde muy joven se dedica al periodismo y sus primeros pasos en este campo los realiza en el períodico La Verdad en 1881, de la ciudad de León, donde publica artículos y crónicas de diversa índole, continúa en otros como La época o El Mercurio de Valparaíso, y culmina en La Nación de Buenos Aires. En este último periódico publica una serie de semblanzas sobre escritores y artistas que anunciaban «nuevas maneras de pensamiento y de belleza» que, más adelante, formaran parte de su emblemático libro Los raros (Buenos Aires, 1896). Allí, tras los nombres de Whitman y Verlaine, Edgar Allan Poe, Lautréamont, Valle-Inclán, Mallarmé, Leopoldo Lugones o el cubano José Martí, forja Darío la genealogía literaria de su cuantiosa prole de libros.

En 1882 leyó el poema "El Libro" en el Palacio del Ejecutivo, y el gobierno nicaraguense le ofreció pagar los gastos de sus estudios en el Colegio de Granada pero no aceptó. En 1882 se fue al Salvador donde dictó clases de gramàtica y regresó a Nicaragua en 1883. En ese mismo año escribió Alegorías.

Reside durante un tiempo en El Salvador y en 1885 viaja a Chile, donde colabora con varios periódicos locales. De su estancia chilena son fruto varios libros entre los que destaca Azul en 1888. Este libro de poemas y cuentos escrito y publicado en Chile, es la primera revelación del amplio espíritu moderno de Darío, que un año antes había ya publicado Rimas y Abrojos. Representa la primera tentativa por asimilar «al idioma español las cualidades plásticas, pictóricas y musicales del francés», experimentando con nuevas formas como el poema en prosa. Azul llamó la atención de la crítica y que el escritor español Juan Valera alabó mucho.

De regresó a Managua se casó con Rafaela Contreras. En 1891, quince meses después nació su primer hijo y en 1893 murió su esposa. En 1892, viajó a España como representante del Gobierno nicaragüense para asistir a los actos de celebración del IV Centenario del descubrimiento de América.

Posteriormente se suceden una serie de por Estados Unidos, Chile y Francia, y una residencia en Buenos Aires trabajando para el diario La Nación, lo que le dio una reputación internacional. En Buenos Aires empieza a forjarse un nombre dentro del periodismo y la poesía a partir de 1890. Entra en contacto con la juventud literaria, Roberto J. Payró, Alberto Ghiraldo o Ricardo Jaimes Freyre con quien funda en 1894 la Revista de América, y con ellos se entrega a la «vida nocturna, en cafés y cervecerías».

Prosas profanas y otros poemas (1896) supone la consagración de la poética dariana. A pesar de la «sencillez y poca complicación» que declara Darío, poemas como «Ama tu ritmo...» o «Yo persigo una forma...» dan cuenta de la nueva estética, proclamando todas las novedades conceptuales y formales de la poética modernista. Un renovado lenguaje fundador de nuevos universos creativos.

Colabora asiduamente en periódicos como La Nación de Buenos Aires y precisamente es enviado por dicho periodico en 1898 a España con el objetivo de indagar en las repercusiones de la pérdida por este país de la mayor de las Antillas y escribió los artículos «El triunfo de Calibán»; «El crepúsculo de España». Allí conoce a Juan Valera, Salvador Rueda, José Zorrilla y a Marcelino Menéndez y Pelayo. Recita versos en el salón de doña Emilia Pardo Bazán y vive la bohemia madrileña junto a Manuel Machado, Emilio Carrere, Eduardo Marquina y Alejandro Sawa, quien además le descubre las sorpresas del viejo París y le presenta a Verlaine en el café d'Harcourt del Quartier latin. En esta estancia en Europa, alterna su residencia entre París y Madrid, es aquí, en 1900, cuando conoce a Francisca Sánchez, una mujer de origen campesino, con la que tuvo un hijo y vivió con ella hasta el resto de sus días.

Convertido en un gran poeta de éxito en Europa y América, fue nombrado representante diplomático de Nicaragua en Madrid en 1907, lo que le obligaba a viajar y de ahí que esté considerado como el 'embajador del modernismo' en el mundo. Darío era un hombre que no había olvidado sus raíces provincianas aunque se había transformado en un cosmopolita total, pero veía que el mundo jubiloso de Europa estaba acabando.

En 1913, cae en un profundo misticismo y es cuando se retira a la isla de Mallorca. Allí empieza a escribir una novela La isla de oro -que nunca llegó a concluir- en la que sobre todo analiza el desastre hacia el que está caminando Europa. También compone Canto a Argentina y otros poemas (1914), un libro dedicado a este país en el año de la celebración de su centenario.

En 1915, enfermo y escapando de un continente desgarrado por la I Guerra Mundial, regresó a América. A las 10 de la noche del 6 de febrero de 1916 murió Darío a los 49 años de edad en León, la ciudad de su infancia. Frente a su distinguido cadáver de poeta desfilaron durante cinco días miles de personas.

Rubén Darío aportó a la literatura de Amárica Latina innovaciones fundamentales, nuevas combinaciones métricas, sorprendentes cambios de acentuación, pausas intermedias, ritmos y rimas interiores, juegos prodigiosos de asonancia y disonancia. Lo original de Rubén Darío es que no imitó a ninguno. En sus poemas y prosas no fue un imitador del romanticismo, naturalismo, ó simbolismo de su epoca. Fue una combinación de todos ellos que la equación se igualó a un Rubén Darío único.

Rincón Literario