Orihuela, un pequeño pueblo perteneciente al Levante Español, vio nacer el 30 de octubre de 1910 Miguel Hernández Gilabert, en el seno de una familia humilde. Fue el tercer hijo del matrimonio formado por Miguel Hernández Sánchez y Concepción Gilabert Giner. Su padre se dedicaba a la cría y comercio de ganado, así como también comercializa la leche de ordeño. El nacimiento de su hijo lo acoge con satisfacción porque sería de ayuda para el negocio familiar.

En su niñez y adolescencia disfruta mucho de la naturaleza propia de la zona de Orihuela,

Así como también ayuda a su padre con el pastoreo de las cabras por las cercanía de Orihuela.

Asiste a la Escuela del Ave María, anexa al Colegio de Santo Domingo, donde fue alumno de bolsillo pobre , es decir, fue admitido por los jesuitas para asistir gratuitamente a las aulas de Santo Domingo, con los hijos de las familias adineradas. Entre estos, José Marín Gutiérrez. Llegaron a ser grandes amigos, pero Marín siguió estudiando, y se licenció en Derecho. Firmó sus trabajos críticos y literarios con el seudónimo de Ramón Sijé. Allí estudia desde los ocho y hasta los catorce años. Este tiempo es muy bien aprovechado por Miguel y destaca por su extraordinario talento.

En 1925 debió abandonar la escuela para retomar la actividad pastoril y ayudar a su padre, esto significó un gran trauma para él que deseaba seguir estudiando y alcanzar una formación sólida.

Durante sus estancias por las cercanías de Orihuela conduciendo cabras, dedica gran parte del tiempo a la lectura de libros de: Gabriel y Galán, Miró, Zorrilla, Rubén Dario, los cuales, incrementan su interés por la poesía. Es justamente en esta época donde comienza a escribir sus primeros versos.

Se une a las reuniones literarias de Ramón y Gabriel Sijé y a los hermanos Fenoll que tenían una panadería que se se convierte en tertulia del pequeño grupo de aficionados a las letras. Ramón Sijé, joven estudiante de derecho en la universidad de Murcia, le orienta en sus lectura, le guía hacia los clásicos y la poesía religiosa, le corrige y le alienta a proseguir su actividad creadora.

Con el apoyo de sus amigos de la tertulia el joven pastor logra profundizar en sus lecturas con los lobros que consigue nn la biblioteca del Circulo de Bellas Artes. También recibe orientación literaria de Don Luis Almarcha, canónigo entonces de la catedral, el cual, le presta también libros. Poco a poco irá leyendo a los grandes autores del Siglo de Oro: Cervantes, Lope, Calderón, Góngora y Garcilaso, junto con algunos autores modernos como Juan Ramón y Antonio Machado.

En el semanario El Pueblo de Orihuela y el diario El Día de Alicante comienza a publicar sus primeros poemas en 1930 y su nombre empieza a ser conocido en en revistas y diarios levantinos.

Animado por sus amigos de tertulia y luego de reunir entre todos algún dinero en 1931 viaja a Madrid. Su equipaje estaba compuesto de algunas de sus poesías, recortes de períodicos donde aparecen publicados sus poemas, algo de comida y ropa. Aunque un par de revistas literarias, La Gaceta Literaria y Estampa, acusan su presencia en la capital y piden un empleo o apoyo oficial para el "cabrero-poeta", las semanas pasan y después de seis meses y a pesar de la abnegada ayuda de un puñado de amigos oriolanos, y cansado de tocar a las puetas de quines lo pueden ayudar; tiene que regresar a su pueblo natal sin un céntimo en los bolsillos. A pesar de todo su estancia en Madrid le sirvió para saber los gustos lietrarios de la capital, lo cual, le lleva a escribir su libro "Perito de lunas".

En Orihuela sigue leyendo y escribiendo, perfeccionado su estilo. Con la ayuda de sus amigos realiza actuaciones en público: en el Casino de Orihuela donde recita y explica su poema "Elegía media del toro"; en 1933 en Alicante donde interpreta la misma elegía después de una charla de Ramón Sijé sobre "Perito en lunas", y la prensa refleja el acontecimiento literario.

Conoce a Josefina Manresa, una joven modista, hija de guardia civil, nacida en la provincia de Jaén, aunque vive en Orihuela de la cual se enamora.

Las lecturas de Calderón le inspiran su auto sacramental Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras, que, publicado por Cruz y raya, le abrirá las puertas de Madrid a su segunda llegada en la primavera de 1934.

En su segundo viaje a Madrid conoce a Pablo Neruda y a Pablo Aleixandre que lo iniciaron en el surrealismo, así como en la formas poéticas revolucionarias y la poesía comprometida, lo cual, contribuye a su perfeccionamiento poético. Encuentra trabajo como colaborador de J.Mª.Cossío en la redacción de su obra enciclopédica Los Toros. Mantiene una intensa correspondencia con su novia Josefina Manresa donde le cuenta vivencias de la capital. De sus vivencias surgen una serie de sonetos donde muestra todo el amor que siente hacia Josefina, alguno de los cuales logran aparecer en revistas de la más alta significación cultural: Cruz y Raya, Revista de Occidente, Caballo Verde para la Poesía y que posteriormente conformaron su segundo libro "El rayo que no cesa" (1936),

En 1935 estando Miguel Hernández en Madrid fallece su gran amigo Ramón Sijé, al cual le dedica su famosa "Elegía".

Siente nostalgia de su Orihuela natal, asi que cuando puede regresa a su pueblo para estar con su familia y amigos, así como para disfrutar de su tranquilidad.

Miguel se va abriendo camino en el mundo literario de la época, va creándose en Madrid su círculo de amigos: Altolaguirre, Alberti, Cernuda, Delia del Carril, María Zambrano, Vicente Aleixandre y Pablo Neruda.

El estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 le obliga a tomar una decisión. Miguel Hernández, sin dudar, la toma con entereza y entusiasmo por la República. Su hondo sentido de la justicia y su experiencia de pobreza y sufrimiento le inclinan a defender la causa de los trabajadores y los pobres. Después de un viaje a Orihuela a despedirse de los suyos, se incorpora como voluntario en el 5º Regimiento. No solamente entrega toda su persona, sino que también su creación lírica se convierte en arma de denuncia, testimonio, instrumento de lucha ya entusiasta, ya silenciosa y desesperada. Se le envía a hacer fortificaciones en Cubas, cerca de Madrid. Emilio Prados logra que se le traslade a la 1ª Compañía del Cuartel General de Caballería como Comisario de Cultura del Batallón de El Campesino. Va pasando por diversos frentes: Boadilla del Monte, Pozuelo, Alcalá.

Invitado por el Ministerio de Instrucción Pública, asiste en Moscú al V Festival de Teatro Soviético, al regreso, al regreso se encuentra con la publicación de su libro de guerra, "Viento del Pueblo" (1937), dedicado a Vicente Aleixandre. La obra contiene poemas tan conocidos como Andaluces de Jaén, Vientos del Pueblo o El niño yuntero. De esta época quedan también como testimonio varias obras de Teatro en la guerra.

En plena guerra logra escapar brevemente a Orihuela para casarse el 9 de marzo de 1937 con Josefina Manresa. A los pocos días tiene que marchar al frente de Jaén. Es una vida agitadísima de continuos viajes y actividad literaria. Todo esto y la tensión de la guerra le ocasionan una anemia cerebral aguda que le obliga por prescripción médica a retirarse a Cox para reponerse.

El 19 de diciembre de 1937 nace su primer hijo: Miguel Ramón, pero la felicidad dura muy poco ya que, a los diez meses, muere este hijo en el que tantas ilusiones había depositado. La muerte del niño mueve a Miguel a una poesía íntima y elegíaca, que origina el libro último, dejado en borradores: Cancionero y Romancero de ausencias (1958).

A escasos meses del final de la guerra, el dolor de esta pérdida se ve compensado con la alegría del nacimiento de su segundo hijo, Manuel Miguel. Por estas mismas fechas edita su libro "El hombre acecha" (1939) que dedica a Pablo Neruda.

Al terminar la guerra en 1939, ante la desbandada general del frente republicano, Miguel intenta pasar a Portugal pero es detenido en la misma frontera y entregado a la Guardia Civil. Apresado y devuelto a Madrid, en la cárcel de Torrijos escribió, durante el verano del 39, poemas como Ascensión de la escoba o Nanas de la cebolla. El temple moral del poeta se puso a prueba durante sus años de recluso, y por encima del lógico abatimiento, mantiene su espíritu entusiasta y, sobre todo, su ansia de amor.

Inesperadamente, es puesto en libertad provisional. Fatídicamente, arrastrado por el amor a los suyos, se dirige a Orihuela, donde es encarcelado de nuevo en el seminario de San Miguel, convertido en prisión. En la cárcel se encuentra con el dramaturgo Antonio Buero Vallejo con el que hizo gran amistad, de la que queda el testimonio de un famoso retrato que le hizo Buero.

Miguel es juzgado en Consejo de Guerra y condenado a muerte. Tras la presión ejercida por numerosas personalidades nacionales y extranjeras, la pena es cambiada por la de treinta años de prisión. Miguel continúa su calvario de cárceles. La miseria, las enfermedades y el alejamiento de su mujer e hijo van minando su salud de hombre acostumbrado al campo y la montaña, y que se ve encerrado entre cuatro paredes. A pesar de todo, aún le quedan ánimos para escribir a su esposa animándola en su soledad. Así mismo prepara juguetes de madera para su hijo y compone poemas para sus compañeros de prisión

Enfermo y desesperanzado es trasladado al Reformatorio de Alicante, su tierra, donde puede recibir con más frecuencia las visitas de su mujer, hijo y familiares. Cada viernes acude su mujer a la cárcel para llevarle algo de alimento y medicinas. Estos encuentros con su familia le dan ánimos para soportar las penalidades carcelarias, pero la enfermedad va robándole la vida poco a poco.

Miguel se siente cada vez peor. La enfermedad se le agudiza y tiene que guardar cama en la enfermería de la prisión. Ya no puede acudir al locutorio para hablar con su mujer. Sus compañeros tienen que escribirle las cartas en las que con muy pocas palabras le pide a su mujer gasas, algodón y medicinas. Le efectúan una pequeña operación de pulmón, pero sin resultado positivo. La vida se le escapa lentamente.

El 28 de Enero de 1942, a los 31 años, muere a causa de la tuberculosis Miguel Hernández en la enfermería de la prisión de Alicante. Un pequeño grupo de amigos y familiares le acompañaron hasta el cementerio. La sencilla sepultura en la que está enterrado tiene una lápida con una breve inscripción que nos recuerda que allí reposan los restos de un poeta grande y humilde.

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