Fragmentos del " Ismaelillo " 
Autor: José Martí

El Ismaelillo, pequeño volumen que los emigrados cubanos de Nueva York conocieron en 1882 recién salido de las prensas de Thompson y Moreau, fue la luz anunciadora de la nueva poesía en la América Latina. Pero antes de insistir en la significación auroral del libro que consagrara Martí a su hijo vale la pena conocer las circunstancias que dieron origen a esa obra  de tan alta calidad lírica y humana. Cuando le faltó a Martí la presencia de su hijo, entonces le nació y creció el hijo ideal, Ismaelillo, de la propia nostalgia unida a su desilusión. Se vuelve al recuerdo del hijo como hacia el único refugio posible. O, para decirlo con sus palabras, en demanda de un escudo. Con esta hermosa carta introductoria Martí dedicó a su hijo con infinita ternura el Ismaelillo, primer libro de versos escrito y editado por José Martí. 
Hijo:
 

 

Espantado de todo, me refugio en ti.

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, 
en la utilidad de la virtud, y en ti.

Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles
que te amo demasiado para profanarte así. Tal como aquí te pinto, tal
te han visto mis ojos. Con esos arreos de gala te me has aparecido.
Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte. Esos
riachuelos han pasado por mi corazón.

¡Lleguen al tuyo!

Como muestra de su inmensa belleza hemos  seleccionado dos poemas del Ismaelillo: "Príncipe Enano" e  "Hijo del alma".
Príncipe Enano

Para un príncipe enano
Se hace esta fiesta.
Tiene guedejas rubias,
Blancas guedejas;
Por sobre el hombro blanco
Luengas le cuelgan.
Sus dos ojos parecen
Estrellas negras:
¡Vuelan, brillan, palpitan,
Relampaguean!
El para mí es corona,
Almohada, espuela.
Mi mano, que así embrida
Potros y hienas,
Va, mansa y obediente,
Donde él la lleva.
Si el ceño frunce, temo;
Si se me queja,-
Cual de mujer, mi rostro
Nieve se trueca:
Su sangre, pues, anima
Mis flacas venas:
¡Con su gozo mi sangre
Se hincha, o se seca!
Para un príncipe enano
Se hace esta fiesta.

¡ Venga mi caballero
Por esta senda !
¡ Éntrese mi tirano
Por esta cueva!
Tal es, cuando a mis ojos
Su imagen llega,
Cual si en lóbrego antro
Pálida estrella,
Con fulgores de ópalo
Todo vistiera.
A su paso la sombra
Matices muestra,
Como al sol que las hiere
Las nubes negras.
¡Heme ya, puesto en armas,
En la pelea!
Quiere el príncipe enano
Que a luchar vuelva:
¡El para mí es corona,
Almohada, espuela!
Y como el sol, quebrado
Las nubes negras,
En banda de colores
La sombra trueca,- 
El, al tocarla, borda
En la onda espesa,
Mi banda de batalla
Roja y violeta.
¿Conque mi dueño quiere
Que a vivir vuelva ?
¡Venga mi caballero
Por esta senda!
¡Éntrese mi tirano
Por esta cueva!
¡Déjeme que la vida
A él, a él ofrezca!
Para un príncipe enano
Se hace esta fiesta

Hijo del alma

Tú flotas sobre todo,
Hijo del alma!
De la revuelta noche
Las oleadas,
En mi seno desnudo
Déjante al alba;
Y del día la espuma
Turbia y amarga,
De la noche revuelta
Te echa en las aguas.
Guardiancillo magnánimo,
La no cerrada
Puerta de mi hondo espíritu
Amante guardas;
¡Y si en la sombra ocultas
Búscanme avaras,
De mi calma celosas,
Mis penas varias,
En el umbral obscuro
Fiero te alzas,
Y les cierran el paso
Tus alas blancas!
Ondas de luz y flores
Trae la mañana,
Y tú en las luminosas
Ondas cabalgas,
No es, no, la luz del día
La que me llama,
Sino tus manecitas
En mi almohada.
Me hablan de que estás lejos:
¡Locuras me hablan!
Ellos tienen tu sombra.
¡Yo tengo tu alma!
Ésas son cosas nuevas,
Mías y extrañas.
Yo sé que tus dos ojos
Allá en lejanas
Tierras relampaguean,
Y en las doradas
Olas de aire que baten
Mi frente pálida,
Pudiera con mi mano,
Cual si haz segara
De estrellas, segar haces
De tus miradas:
¡Tú flotas sobre todo,
Hijo del alma!