" La mujer lobo"
Autor: Julia Isis Dominguez Ferreyra
 
La noche para Elizabeth, es un momento que debe ser apreciado en todo momento. Pero por supuesto todos los hombres no lo creen así. 

Sentada en el techo de su casa, miraba la luna llena de esa noche, apreciando su color deslumbrante. Unas nubes grises trataban de ocultarla pasando de largo. 

En el momento que miraba el oscuro cielo, sin alguna estrella, sintió unos aullidos. Pensó en un perro que lamentaba un dolor, pero el aullido se hizo intenso y aturdidor. De pronto todos los perros del barrio aullaron. Elizabeth se levanto mirando a su alrededor. Pudo ver como sus vecinos prendían las luces de sus casas, quejándose al mismo tiempo por el barullo.

Cuando había decidido bajar del techo, todo quedo en silencio. Como si no hubiese sucedido nada. La gente de las casa volvía a dormir, olvidando a los perros. Se volvió a sentar sin entender bien lo que había sucedido. Le habían dicho que los perros aullaban en las noches hablándose, contando sus penas, también recordando a sus antepasados, lo lobos.

Miro de nuevo la luna, aun aturdida por lo sucedido, tratando de volver a sus pensamientos y contemplar la luna. Pero algo la distrajo en ese momento, un perro sombrío, por la noche, vio pasar en su patio.

Se paro y lo vio introducirse en las sombras de los árboles. Le llamo mucho la atención eso, de alguna forma sentía curiosidad de aquel canino animal. Se dirigió por una escalera de material, que había hecho construir para subir al techo en las noches, y bajo por ella. 

Toco el pasto bajo y camino sobre el, dirigiéndose hacia los árboles donde había visto al perro introducirse. Fue silenciosa y con disimulo. Un viento frío paso en ese momento deteniéndola. Miro hacia atrás y vio su casa solitaria. Giro hacia los árboles sombríos y siguió camino. Acercándose a las sombras vio unos ojos amarillos iluminarse, cayo hacia atrás por el susto. Miro hacia las sombras con la mano en la cabeza por el dolor de la caida, y vio como misteriosamente y con lentitud un lobo aparecía, acercándosele. Se hizo hacia atrás, moviéndose en el suelo. El lobo se le acerco y se lanzo sobre ella.

Despertó traspirada, viéndose en la cama. Toco su cabeza ardiente y mojada. Miro hacia la ventana abierta y, bajándose de su cama, se dirigió a ella. Viendo como las cortinas que eran movidas por un viento, le permitían ver a la enorme luna llena. Sintió un ardor en su brazo, y vio una mordida sangrando. Miro de nuevo la luna y recordó lo que había sucedido, lo que había creído que tan solo había vivido en un sueño indeseable. 

La luna se reflejo en sus ojos y brillaron siendo amarillos.