"Las Sandalias Mágicas de Monsalbo"
Autora: Micaela Georges
 
                "Recuerdo mi paso por la feria de Junalpá. Mientras disfrutaba de cada metro que recorría, mis ojos se posaban en cada tienda, en cada vendedor, en cada ilusión ofrecida en forma de artículo. Era tal la variedad y el colorido de esta feria que no lograba siquiera decidir a que puesto acercarme. 
                Un cartel en la última tienda captó mi atención. El simple barracón lucía un decorado sencillo y el cartel escrito a mano alzada en su centro hizo que me inquietara. 
En letras grises con trazado infantil se podía leer:
                                                             "Sandalias Mágicas de Monsalbo".
Una mujer que parecía ser la encargada del lugar me invitó a acercarme.
          -Pruébalas: si logras apreciar lo que se te ofrece... la dicha te será entregada.
          -pero... quien es usted?? Su cara me resulta tan familiar??
          -Me llaman Zara. Ahora bien: tu nombre, el mío; eso no importa. Lo único que debes saber, curiosa jovencita, es que si tus ojos se posaron en mi cartel, no fue casual.
Sin aun entender las palabras de la misteriosa mujer, noté cómo ponía con sumo cuidado una caja de cartón sobre el mostrador.
Antes de abrirla me advirtió que mi felicidad podía depender de lo que esa caja contenía.
Nada de lo que pude ver dentro se asemejaba a lo que la felicidad significaba entonces para mí. Había un par de sandalias, simples y corrientes, gastadas y hasta un tanto ordinarias.

Zara murmuró: -Que tus ojos no guíen tus pasos... cuando las leyendas se mezclaban con la historia, se decía que las sandalias mágicas de Monsalbo garantizaban felicidad eterna. Anda, llévalas y verás.
Un poco por caridad para con la crédula mujer, otro poco por incertidumbre o curiosidad decidí seguir los consejos de mi nueva amiga y llevarme aquellas insulsas prendas.

               Una vez vencido el miedo a lo nuevo, decidí probármelas. Créeme que ningún genio se apareció a mi paso... ningún deseo me fue concedido... pero jamás dudaré de lo mágico de mi calzado. Cada vez que las usaba algo en mi actitud cambiaba. Era como si se volviese textual aquel dicho que usaban mis educadores... ” ponerse en los zapatos del otro”... Cada vez que las usaba, yo adquiría la capacidad de preocuparme por el prójimo, de dejar a un lado mis egoísmos.
Las sandalias mágicas de Monsalbo me permitían considerar a mucha gente a quien no había respetado, a quien había ignorado. Me posibilitaban por fin ponerme en los pies de mis semejantes y ya no mirar el mundo desde mi propia y única perspectiva, sino poder apreciar lo que el otro necesitaba. 
..Y eso realmente significó mi dicha...

                Fue gracias a mi curiosidad que las descubrí. Fue gracias a Zara que aprendí a usarlas. Pero al igual que ella, ya no podía conservarlas. Era tanto lo que estas sandalias me habían dado, que ellas mismas me incitaban a pensar en los demás, a decidir donárselas a quien las quisiera conservar, a quien se acercara con sus curiosos ojos hacia ellas... hacia mi.
Es por eso es que estoy acá, en la feria de Junalpá, en mi sencilla tienda, esta vez yo, hablándote de mi gran tesoro. "