José Antonio  Manso de Velasco

  Conde de Superunda. Nació en Torrecilla en Cameros (La Rioja), en 1688 y falleció en Granada el año 1767. Al igual que muchos otros gobernadores del siglo XVIII, siguió la carrera de las armas , la que inició en 1705. En 1737 fue designado Gobernador de Filipinas, pero el rey anuló ese nombramiento y dispuso que asumiera igual cargo en Chile. Manso de Velasco ocupó su nuevo puesto en noviembre de 1737 y lo ejerció hasta 1744; entonces fue ascendido a Virrey del Perú, cargo que desempeñó hasta 1761.Una vez que salió del país vecino, paso a Cuba, donde debió enfrentar a las fuerzas inglesas que se apoderaron de la ciudad.

Relaciones con los mapuche
Tal como lo hacían todos los gobernantes que llegaban al Reino, Manso de Velasco también celebró un parlamento con los indígenas. El 5 de diciembre de 1783 se reunió con alrededor de 300 caciques en Tapihue, estableciéndose ciertas condiciones de paz.
En esta materia José Antonio Manso de Velasco era partidario de reactivar la conquista de aquel territorio, utilizando la estrategia que tiempo atrás había diseñado Alonso de Ribera, es decir, crear una línea de establecimientos españoles que consolidaran el dominio sobre una región determinada, para luego desplazarla más hacia el sur.

Nuevas fundaciones
Manso de Velasco no era un hombre que mirase con añoranza el pasado. Aplicando la política fundacional de la dinastía borbónica- uno de cuyos objetivos era aumentar el control que el Estado ejercía sobre la sociedad-, ordenó el establecimiento de varios poblados: en 1740 fundó San Felipe; en 1742 Nuestra Señora de las Mercedes- actual Cauquenes-, San Agustín de Talca, San Fernando y San José de Logroño- ahora conocida como Melipilla-; En 1743 San José de Buena Vista - Curicó- y Santa Cruz de Triana- Rancagua-; y en 1744 San Francisco de la Selva, actual Copiapó.

Del Perú a la desgracia
En 1744, Manso de Velasco fue nombrado Virrey del Perú, territorio que gobernó hasta 1760. Mientras desempeñaba ese cargo, Fernando VI le otorgó el título de Conde de Superunda (1748). Diez años después, pidió ser relevado de sus funciones, lo que fue aceptado en 1760. Al año siguiente partió rumbo a España por la ruta de Panamá y al llegar a Cuba se vio obligado a permanecer en La Habana, debido a la guerra que la metrópoli sostenía con Inglaterra (1762). 

Allí fue nombrado presidente de la Junta de Guerra, formada para organizar la defensa ante un eventual ataque inglés, el que efectivamente se produjo: La Habana fue sitiada durante 67 días y finalmente se optó por la rendición. Manso de Velasco y otros jefes militares fueron juzgados por sus superiores y a él se le condenó a la suspensión de sus empleos militares y al destierro. Estuvo preso en Barcelona y tras su liberación vivió en la pobreza.