Fray Juan Ramírez de Arellano
Un gran hombre rescatado del olvido

Quienes conocieron a Fray Juan (1529-1609), incluso sus más entusiastas admiradores, le describieron como un hombre de carácter agrio y espíritu enérgico, enemigo de las componendas y obstinado hasta la imprudencia. Mucho tiene que ver todo esto con el olvido en que cayó su memoria al poco de su muerte: fue siempre un personaje incómodo porque criticaba las injusticias y no se encontró la manera de hacerle guardar silencio.

Nació nuestro fraile en Murillo de Río Leza (La Rioja) en 1529 e ingresó en la Orden de Predicadores, más conocida por Dominicos, orientándose hacia la carrera universitaria, en la que llegó a ser Doctor y Profesor del Colegio de San Esteban de Salamanca. 

Ya en la madurez, a los 41 años, marchó a Méjico, donde terminó siendo Prior del Convento de Santo Domingo y Calificador del Santo Oficio de la Inquisición. Allí desarrollaría el grueso de su labor intelectual, publicando diversas obras de temática religiosa, y pastoral, predicando entre los indígenas.

Fue en la recta final de su vida cuando abandonó la placidez del convento por la denuncia pública de los abusos que los españoles estaban cometiendo con la población indígena mejicana. Primero lo hizo en territorio americano aprovechando el púlpito, luego, cuando comprobó que las palabras no bastaban, se embarcó para España para hacer llegar sus ideas hasta Felipe II. El viaje no pudo empezar peor, su barco fue apresado por piratas ingleses en 1595 y la llegada a España se retrasó más de lo previsto. Ya en Madrid, pasó años deambulando por los pasillos de la Corte con la esperanza de hacer llegar sus memoriales al rey. Al final lo consiguió y fue recibido en audiencia por el anciano monarca, aunque sin resultado alguno. A la muerte de Felipe II, Fray Juan era ya un personaje molesto para los altos responsables de la Administración colonial, así que, forzadamente, le obligaron en 1601 a admitir el cargo de Obispo de Guatemala, lejos de los dos lugares donde podía continuar su labor política: Méjico y España. Tras una escandalosa peregrinación a Roma, partió para su diócesis, destacándose como hombre caritativo y emprendedor. Allí le llegó la muerte, en San Salvador a los ochenta años. Incluso se le llegó a abrir un proceso de beatificación que nunca fue resuelto y que dormirá, como tantos otros, en algún legajo del Archivo Vaticano.

El olvido en que cayó su vida y su obra fue, pasado poco tiempo, casi total. Ni una sola referencia sobre él puede encontrarse en la amplia bibliografía existente en Méjico y España sobre el llamado "debate sobre la conquista" y solo en los repertorios bibliográficos más eruditos aparece citado. La Historia de la colonización de América fue por derroteros muy distintos a aquellos por los que él luchó y también el pensamiento político europeo.

Fray Juan exigía cosas todavía hoy pendientes: que las leyes se cumplan; que no sean manipuladas en su beneficio por los poderosos; que busquen el bienestar colectivo y no el provecho particular. También, como clérigo que era, confiaba en la moral cristiana como instrumento ordenador de la sociedad y en su pensamiento subyacen los viejos principios del igualitarismo de las primeras comunidades de creyentes. 

Los dos memoriales que dirigió a la Corona, y que se conservan impresos y glosados por él mismo en la Biblioteca Colombina de Sevilla, tenían dos objetivos claros. El primero era de denuncia de la vida indigna que los colonos españoles hacían llevar a la población nativa por culpa de los trabajos forzosos -mitas y repartimientos- que éstos últimos estaban obligados a prestar a los españoles. El segundo era proponer como solución a la prosperidad y la ética de la dominación española el cumplimiento estricto de las Leyes de Indias, que otorgaban a los indígenas la condición de hombres libres, de castellanos de pleno derecho. De esta manera, en su opinión se invertiría la trágica tendencia demográfica americana, que amenazaba en esos momentos con la extinción de los pueblos nativos, y resultaría más fácil su conversión al catolicismo.


Datos facilitados por:Dr. Pedro Luis Lorenzo Cadarso. 
Prof. de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad de Extremadura.