POMPEO MAGNO IN ARMENIA
 (Opera de 1755) 


Partitura de la opera 
"Pompeo Magno in Armenia"

Dentro de la actividad operística que García Fajer desarrolla en Roma entre los años 1754-56 surge esta Opera seria, la única que compondría, titulada Pompeo Magno in Armenia. Es también la única que existe en la actualidad en partitura completa. 

Hasta hace poco tiempo se creía que la partitura de esta Opera, como de las otras tres, estaba perdida ya que solo se conservaban los libretos; fue el musicólogo hispanista Robert Stevenson quién localizó un ejemplar completo de la Opera realizado por un copista de la época para la colección del rey portugués en la biblioteca del Palacio Nacional de Ajuda en Lisboa. Esta Opera es una tragedia en tres actos estrenada en los carnavales de 1755 en el teatro Alibert o delle Dame de la capital romana.

Su libreto esta atribuido a dos diferentes escritores: según el Catálogo delle opere liriche pubblicate in Italia, de Aldo Caselli (Firenze 1969) pertenece a D. Vitturi; pero según el Catálogo único dei libretti italiani a stampa fino all'anno 1800, de Claudio Sartori, existen dos ejemplares, uno en la Biblioteca Marucelliana de Florencia y otro en la de Santa Cecilia de Roma con la referencia: «Pompeo Magno in Armenia, drama per musica di Anastasio Guidi, romano, da rappresentarsi in Roma nel corrente carnevale dell'anno 1755 nel Teatro delie Dame, dedicato alle medesime. 

Roma, Generoso Salomoni, 1755, pp. 52. 

Ded. degl'Interessati.

Attori: Giuseppe Aprile, vir.(uoso) della R. capp. di Napoli (Pompeo); Gio Belardi, virt. di SAS elettorale di Baviera (Giuiia): Pietro Paolo Carnoli parmegiano, virt. di camera delI'elettore palatino del Reno (Tigrane); Francesco Aniboni (Arisia); Giuseppe Cimini (Prisco); Nico!a Appoloni, virt. del prenc Panfili (Muzio).

Música de Francesco Saverio Garzia. Balli di Domenico Minelli d'AddatilÍ. Maestro di scherma: Cesare Marettoni. Scene di Antonio Stoppani. Primo pittore: Pietro Mengoni. Vestiario di Giuseppe Pedocca e Carlo Brogi, romano».

Sobre la autoría de la música no hay ninguna duda, ya que e n todos los libretos como en la copia de la partitura existente en Lisboa figura siempre el nombre de Francisco Javier García.

Como se ve por la referencia anterior, son seis los cantantes necesarios para la representación de esta Opera que en su época fueron realizados todos los papeles, masculinos y femeninos, por cantantes castrali.

Aunque no se conoce musicalmente nada de esta Opera existe la impresión de que puede ser una obra de gran calidad musical ateniéndonos a lo conocido recientemente con su oratorio Tobia. obra que ha sorprendido por su gran calidad y dificultad, y en la que se adelanta artísticamente a casi todos los músicos de su época. En ella, además de ser la primera vez en la historia de la música que se escribe en una partitura un crescendo musical, utiliza procedimientos novedosos que posteriormente desarrollarían músicos como Mozart en sus obras de estilo italiano. Su riqueza armónica e instrumental está a la altura de los grandes compositores de la época: Pórpora, los hijos d e Bach, Gluck, Pergolesi, etc, y el virtuosismo vocal que alcanzan sus arias solo es comparable al que en ese momento realizaba un Farinelli o más tarde realizaría Mozart en sus Operas serias de estilo italiano o sus arias de concierto.


Argumento

Acto I
La acción comienza en el campo de batalla, frente a la antigua ciudad de Artaxata, donde las tropas de Tigranes, rey de Armenia, son derrotadas por Pompeyo, cónsul y capitán del ejército romano, quien ordena detener el combate. Al tiempo, llega de improviso al frente desde Roma, Julia, hija de Julio César, y prometida de Pompeyo, para celebrar los esponsales ya concertados. Acompañada en su viaje por Prisco, su antiguo pretendiente. Éste se convierte en el motor principal de la acción: viéndose rechazado por Julia, decide vengarse
de ella y acabar con Pompeyo, del cual se finge amigo. Su primer paso será infundir en él sospechas acerca de la fidelidad de su prometida: el segundo, servirse de Tigranes para traicionar a aquél. Por su parte, el derrotado rey armenio, tras un fallido intento de suicidio, impedido por su hija Arisia, es hecho prisionero en su propio palacio por Mudo, lugarteniente de Pompeyo. Conducido ante éste, Tigranes rehúsa toda oferta de paz con Roma, a pesar de la intercesión de Ansia, la cual despertará la compasión de Pompeyo, quien reconoce en ella a la joven que otrora rescató de las garras de una fiera, provocando los airados celos de Julia.

Acto II
Prisco, tejiendo lentamente su traición, revela a Tigranes su proyecto de restaurarle en el trono y apresar a Julia. En tanto, Ansia, se presenta ante su padre como intermediaria para ofrecerle la paz en nombre de Pompeyo, a cambio de su libertad y de recuperar el reino. Tigranes, que rechaza esta vía por no claudicar ante Roma, decide secundar los planes de Prisco. Pompeyo se dispone a volver al campo de batalla ante el avance de las tropas de Mitrídates, rey del Ponto, que acude a socorrer a Tigranes. En tanto, Prisco avivará aun más los celos de Julia hacia Arista, celos que cree ver confirmados cuando el propio Tigranes, requerido por Pompeyo en un segundo y fallido intento por negociar la paz, reprocha a su propia hija, ante los presentes, estar enamorada del cónsul. Tras una discusión entre Julia y Pompeyo, ésta planea despechada su venganza contra la princesa Armenia.

Acto III
Tigranes es liberado por Prisco y le expone su plan para atraer a Pompeyo hasta ellos. Al tiempo, dos soldados, por orden de Julia, tratan de matar a Arisia. Finalmente el crimen no se lleva a cabo al impedirlo Pompeyo, pero éste cae en la trampa y es llevado a las estancias de Tigranes, donde es apresado. La traición de Prisco queda al descubierto, en tanto que Julia, advertida de lo sucedido por Mucio, acude armada a la fortaleza donde Pompeyo es retenido, poniéndose al frente de las tropas romanas, que se proponen asediar el fuerte y rescatar al cónsul.
Ante el avance romano, viéndose próximo a una nueva y fatal derrota, Tigranes sale de la fortaleza con Pompeyo como rehén, con el propósito de matarle allí mismo si Julia no ordena la inmediata retirada de sus tropas. La situación la resuelve Arista, al entregarse voluntariamente a Julia, la cual, con la intención de presionar a Tigranes, amenaza a su vez con matarla. Tigranes, vencido por el amor filial, cede por fin, liberando a Pompeyo, el cual, mostrándose clemente, devuelve a éste la corona, perdonando también a Prisco, apresado por Tigranes y entregado como traidor a los romanos. Finalmente se dirigen todos al templo para celebrar los esponsales de Julia y Pompeyo.

Vida

Escuela


Esta información ha sido facilitada por: PaNal
Asociación para la Protección del Patrimonio de Nalda