Institución Libre de Enseñanza - El edificio
La casa forma siempre un organismo y está en perfecta armonía con el habitante. En viendo la primera, se puede juzgar del segundo; y en conociendo. a éste, no es difícil describir su vivienda.

Así, es evidente que, para hacerse cargo del edificio que la Institución libre de enseñanza proyecta, es preciso conocer a la vez a los que han de habitarlo.

Se trata de hacer una casa de educación para trescientos alumnos, y se cuenta con 9.755 metros cuadrados, o sean 125.545 pies, cifra que tiene que parecer exagerada a la inmensa mayoría de personas, cuya cultura en materia de construcciones escolares se deriva de los tristísimos datos que los de nuestra patria suministran, puesto que en España no es nada raro encontrar que trescientos niños viven en 4 o 5.000 pies de terreno, y aun pluguiera al cielo que tuviesen esta capacidad todos los colegios y escuelas de Madrid que cuentan con aquel número de alumnos.

Pero la Institución, que pretende, no sólo instruir, sino educar y formar hombres, se ha encontrado, al proyectar su edificio, con tales exigencias, unas producto de su fin, hijas otras de las condiciones generales que los estudios de los más autorizados higienistas prescriben, que no es extraño haya llegado a creer, después de un maduro examen, que sólo con 125.000 pies de terreno se puede tener lo preciso, sin que sobre nada, para albergar trescientos alumnos, como el estado de la cultura pedagógica tiene derecho a exigir de nosotros.

En efecto; si se piensa que, además del edificio principal, se necesitaban talleres para. trabajos manuales, gimnasio, galería de baños y duchas, estanque de natación, jardines Froebel, campo de cultivo, jardín botánico, invernadero y campo de juego, se comprenderá la escasez de los 9.000 metros cuadrados para tan vasto programa.

Las construcciones escolares deben tener sólo planta baja, y ésta es la única condición que ha sido sacrificada en el proyecto. El edificio consta de un piso principal, destinado a la enseñanza. Pero, aparte de que quizá no existe en Europa todavía un establecimiento de esta índole que deje de tener más de un piso, en cambio corresponden a cada uno de nuestros alumnos 32'50 metros cuadrados de la totalidad del terreno, y más de 22 metros de la superficie edificada, satisfaciendo así las prescripciones más rigurosas acerca de este punto.

El edificio principal está destinado a la mayor parte de las enseñanzas, a la Biblioteca, Gabinetes, Museos, Observatorios y servicios análogos; a la secretaría, a las dependencias subalternas y a las habitaciones de las personas que han de vivir en la Institución, y todo en él se halla subordinado a la higiene, al mayor aprovechamiento del terreno y a la economía de la obra.

La disposición de las clases reviste verdadera originalidad e importancia. Para educar es preciso deshacer las grandes masas de alumnos; ponerse el maestro en íntima y personal relación con ella; hacer que permanezcan bajo su influjo el mayor tiempo posible, para que la acción educadora sea continua, y de aquí la necesidad de la formación de secciones que puedan realizar su vida con independencia. Para cada sección se ha proyectado, pues, en el nuevo edificio una pequeña casa, compuesta de una clase, un comedor, una pieza de aseo con seis lavabos y cuatro urinarios, y dos retretes inodoros perfectamente aislados, inaugurando de esta suerte un nuevo sistema en las construcciones escolares, que destruye la aglomeración de grandes masas, con las cuales es imposible todo carácter educativo en la enseñanza, y es el más conforme, sin duda ninguna, con el espíritu y tendencia de los modernos principios pedagógicos.

Las exigencias de la higiene se han cumplido, no sólo con justicia, sino con verdadera esplendidez en esta parte. Si exceptuamos, y sólo a medias, una escuela privada de Dresde, no conocemos otro establecimiento de Europa que llegue en la cubicación de sus clases a la cifra de 10'256 metros que corresponde por alumno menor de doce años en las nuestras, y a la de 17'011 metros para los mayores. La escuela-modelo de Bruselas y la de Erismann en San Petersburgo, que son las más perfectas, alcanzan sólo a 9'600 metros. Verdad es que en ninguna parte se señalan veinticinco alumnos por clase, como por término medio hace la Institución, ni un lavabo para cada cuatro, un urinario para cada seis y un retrete para cada doce, sino que la proporción generalmente recomendada y adaptada es la de un lavabo para cada diez, un urinario para cada quince y un retrete para cada veinte.

La Institución contendrá dos grandes colegios de internos, de acuerdo con el ejemplo de los más cultos pueblos de Europa y con el movimiento que contra este sistema comienza a iniciarse en la misma Francia, nación quizá donde más vasto desarrollo ha tenido. Para utilizar su único elemento racional, la continuidad de la acción pedagógica, mediante el trato familiar con los alumnos, le basta que permanezcan en ella la mayor parte del día. Pero aunque de esta suerte sólo necesitan hacer una comida fuera de sus casas, la de la mañana, no conviene que almuercen sobre los mismos pupitres en que escriben, como sucede, por cierto, en renombradas escuelas de pueblos más adelantados; a fin de evitarlo ha dispuesto en cada una de sus secciones un comedor con un armario para cada alumno, donde guarde su abrigo, libros, juguetes, &c., suprimiendo así las horribles filas de perchas en los pasillos y los vestuarios usuales, donde suele amontonarse la ropa con peligro del orden y la higiene.

Además de la originalidad de esta disposición, y en la cual insistimos por ser un resultado natural del sistema que la Institución emplea en su enseñanza, excusado es decir que en todo lo restante se han cumplido los principios más autorizados en la materia; principios que, sin menoscabo de la economía, pueden y deben tenerse presentes en la construcción de toda escuela, por modesta que sea.

Bien poco cuesta, en efecto, dar a las clases la forma de un rectángulo poco prolongado, la más cómoda para distribuir los alumnos en grupos; hacer las paredes lisas, pintadas al óleo para lavarlas dos veces al año y darles una media tinta higiénica; redondear los ángulos y hacer el techo plano para que no se acumulen miasmas y la limpieza sea más perfecta; construir las puertas de una sola hoja; dar a las clases salida directa al jardín, corral ó huerto por medio de rampas, y no por escaleras; hacer que la luz entre siempre por la izquierda del niño, y que sea Norte, si es posible; rebajar el antepecho de las ventanas para que el alumno pueda gozar desde su asiento con la vista del campo; disponer las vidrieras de modo que su parte alta gire para que la ventilación se verifique en buenas condiciones; hacer, por ultimo, que la superficie de iluminación, si no puede ser la tercera como en nuestro edificio, sea al menos, y en conformidad con célebres higienistas, la cuarta parte de la superficie total de la clase.

La Institución, que apenas acaba de poner la piedra de su nuevo edificio, ha podido ya influir, por fortuna, para que se observen aquellos principios en otras construcciones escolares. Conforme a ellos, y según el programa y planos que dio la Institución para ese objeto, se están edificando las escuelas de Vigo, y no tardarán mucho en comenzarse las obras de otras cuatro en la villa de Navalcarnero, a instancias de cuyo ayuntamiento la Institución redactó el programa para que su distinguido arquitecto D. Carlos Velasco ejecutase los planos. Ocasión propicia es ésta para tributar al Sr. Velasco público testimonio de la admirable inteligencia con que ha acertado siempre a desarrollar nuestro pensamiento.

Nos falta espacio y hemos de concluir indicando tan sólo los otros locales y dependencias que el proyecto encierra. Son éstos las clases especiales de dibujo y música, sirviendo esta última a la vez de sala de conferencias, los laboratorios, la clase de astronomía, con paso al terrado, donde estará el observatorio; la espaciosa galería central para instalación de objetos de arte: sala de espera, ejercicios gimnásticos, juego, en cuyo caso corresponden a cada alumno en ella 2'50 metros cuadrados, o sean 0'50 más de lo que el reglamento francés pide; biblioteca, gabinete, secretaría y dirección; vestíbulo, montacargas y las viviendas para el secretario, el astrónomo y algunos dependientes. Los talleres para modelado y vaciado, práctica de torno, fragua y ajuste, gimnasio e invernadero, están fuera del edificio principal.

La superficie descubierta se ha distribuido entre jardines Froebel, jardín botánico, campo de cultivo, estanque de natación y el extenso campo de juego (tres mil metros), donde a cada alumno, sin distinción de edades, corresponde un área de 10 metros, es decir, la cifra máxima que se recomienda para los mayores.

El edificio de la Institución, en suma, rodeado de árboles y de flores, lleno de aire y de luz por todas partes, ha de tener un aspecto tan risueño y alegre como el de los alumnos que en él vivan, influyendo así en ellos para que nunca pierdan la alegría en el trabajo.

Manuel B. Cossío

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