Celso Díaz Hernández

Violinista. Nació en Arnedo el 28 de julio de 1888. Desde muy niño mostró una afición y unas cualidades excepcionales para el violín. Después de estudiar en Arnedo, sus padres D. Francisco Díaz y Da. María Hernández, se trasladaron a Madrid, poniendo allí un negocio de fardelejos, con el único objeto de dar carrera musical a su hijo.
En 1905 consiguió el premio extraordinario de final de carrera en el Conservatorio de Madrid obteniendo como distintivo el precioso violín mandado de París por la Casa León Bernardel, que le acompañó siempre, y que al final de la vida regaló a la Virgen de Vico. Sus maestros en Madrid fueron Tomás Lestau, Jesús Monasterio, Bustamante, y Pinilla, natural de Autol.

Terminados sus estudios, formó parte de un sexteto artístico compuesto por profesores del Conservatorio y de la Capilla Real, actuando, entre otros muchos lugares, en Cacaes (Portugal). Actuó con gran éxito, siendo todavía estudiante, en el Centro Riojano de Madrid en 22 de diciembre con motivo de la inauguración de su nueva sede social instalada en la calle Pontejos, 1.

El inmortal y mítico Sarasate llegó a tener conocimiento de Celso Díaz y preparaba en Pamplona un concierto para presentar al joven riojano, cuando inesperadamente moría el genial navarro, en 1908, pocas fechas antes el proyectado concierto. Con frecuencia fue ensalzado Celso Diaz como el Sarasate riojano.

En 1912, Celso Diaz hace una gira triunfal por España con el célebre Tomasito Terán. En el mes de septiembre de ese mismo año, Celso y su familia se trasladan a París con el fin de perfeccionar su formación y abrirse nuevos horizontes. Consiguió, en reñida oposición con quince violinistas de diversos países, la plaza de concertino de la Orquesta Secciari, con la que tocó en Francia y en Bélgica. Y solo, con compañamiento de piano, en la prestigiosa Sala Gaveau de Paris. El comienzo de la guerra europea de 1914 le obligó a volver a España, ocupando la cátedra de violín en el Conservatorio de Zaragoza hasta 1920, año en que volvió a Paris. En los años 1922 y 1923 recorrió Francia, Bélgica, Irlanda e Inglaterra, dando conciertos clamorosos, como en la Sala Wigmore de Londres, interpretando, entre otras piezas La Sonata 10, op.1, de Tartini, Aria de Bach, Zapateado de Sarasate, Humoreske de Dvorak, y El Carnaval de Galicia, de Gómez Curros. Gustó tanto este concierto que se le ofrecieron tentadoras proposiciones para América, pero no aceptó y se fue a Dublín, donde tenía que ofrecer dos conciertos en el Teatro Real. Celso Diaz apareció en la prensa irlandesa fotografiado con Lorenzo Molajoli, Walter McNally, Vicent 0'Brien, Margaret Sheridam y Giuseppi Barsotti.

Volvió a España de nuevo en 1923 y, ya consagrado, comenzó una campaña de envergadura, y así continuó en adelante, siempre de triunfo en triunfo. El 13 de diciembre de 1929 se organizó un resonante concierto en el Palacio de la Música, con asistencia de la Infanta Isabel, en homenaje al insigne maestro D. Emilio Serrano, a base de un gran festival de música española. Tomaron parte en el mismo María Marco, Francisco Fúster, Celso Díaz, Calés, Julio Gómez, Conrado del Campo, Vega, Vela, Villa y Pepe Lasalle. Celso Díaz interpretó, como solista en la orquesta, la Rapsodia Asturiana, de Ricardo Villa. Al día siguiente se desataron en elogios del solista Celso Diaz, El Heraldo de Madrid, El Noticiero de Madrid, ABC, La Libertad, El Debate. El Liberal, Informaciones y La Nación. En este último diario decía el notable critico C. Jaquotot: "Celso Díaz obtuvo anoche un triunfo resonante y merecido. La Rapsodia Asturiana tuvo en el solista de la Orquesta Lasalle una interpretación perfecta. La primera vez que se toca con orquesta no ha podido tener mejor intérprete, que fue ovacionadísimo", Pero quizá el concierto más resonante fue el del Teatro de la Comedia del 22 de marzo de 1931, acompañado al piano por el famoso ciego Zacarías López Dehesa. Celso Díaz realizó la proeza que solamente había hecho hasta entonces el famoso violinista Kuvelit: tocar en un programa los conciertos de Wienawsky, Mendeissohn y Bach. Su mejor composición la tituló "Viva mi pueblo" que, grabada en disco se oyó en las emisoras de la época, y se sigue oyendo con emoción por todos los arnedanos, como en la sesión inaugural del Nuevo Teatro Cervantes el 22 de febrero de 1999 cuando fue interpretada por la Orquesta Filarmónica de Madrid.

Celso Díaz murió en Madrid el 3 de febrero de 1953. La Corporación Municipal, reunida urgentemente, decidió traer el cadáver a su pueblo, instalándose la capilla ardiente en el Salón de Sesiones. El sepelio constituyó una impresionante manifestación de duelo. Arnedo le dedicó en vida una calle y una glorieta, donde hoy se levanta su estatua en bronce, y el Instituto de Enseñanza Secundaria de la Ciudad se honra con su nombre.


Fuente: Riojanos en Madrid - Centro Riojano de Madrid