"Vamos ganando"


Rompiendo hielos...
Reconstruyendo los enjambres de palabras
que son preceptivos para el odio.
Luchando a brazo partido o desquiciado
con los íntimos instintos seculares
que nos convierten en fieras insensibles.
Aceptando los dolores y las lágrimas
que no sirven de discurso necesario
para otras lágrimas sentidas y lloradas
ni para otros dolores redimidos.
Rindiéndome, sin guerra ni cuchillos,
al zumbido de tambores victoriosos
con fanfarrias de mezquinas acritudes.
Refugiándome en la cueva irremediable
donde el hielo quema sin mentiras.

Presiento atmósferas solemnes
y lágrimas procaces
sobre un fondo de azul indiferencia.
Presiento discursos emotivos
y soflamas victoriosas
vergonzantes de puro manierismo.
Presiento venganzas,
voces que van tiñendo las súplicas
cuando el dolor infinito se acobarde
y deje paso al sentimiento.

Pero voy a dejar mis armas,
mi caballo y mis alforjas,
a que las ventee el aire cadencioso
de otras latitudes y promesas:
sé que la herida
volverá a cicatrizar y a ser fecunda
pero no sé ni para quiénes ni en dónde.

Volveré acaso a mis silencios
en un compromiso cotidiano de venturas
con el yo como príncipe consorte
y el mío como pueblo soberano:
si he de desgarrarme
haré autofagia caníbal de mis sueños.


Corazón a corazón
vamos ganando soledades.....

" De largas mariposas "
Autor:  Luis E. Prieto

El dolor
fue una fuga
de largas mariposas,
de fardos humeantes
en lúgubres caminos misteriosos
preñados de voces aterradas.

Salió a la calle
con su capa de penas interpuestas
y su sonrisa macabra. Dijo:
vengo a recoger las lágrimas
de los perdedores del banquete.
Y un tropel de cuerpos olvidados
asomaron sus ojos violentos
de tanto tragar indignidades
por debajo de las puertas de la vida.

Un aire violeta
bajó de catedrales y de bancos
a fundirse con los muertos vagabundos.
Recorrió cementos olorosos
de sucios rincones de hambres y de orines,
áridas tierras olvidadas,
selvas de odios permanentes,
sures marcados por agravios
de hondas muecas rencorosas...
y difuminó su huella miserable
en golpes asesinos.

El aire violeta
solo contabilizaba débitos seguros:
el dolor
estaba preso de hambres e injusticias.

(Mi voz
está corrupta de sangres olvidadas
que cantan a la luna
letanías vestidas de suaves primaveras.
Se me acumulan dolores
disfrazados de monstruos subconscientes
que me gritan de continuo: “eh, tu, poeta,
deja de voltear canciones esenciales
y funde tu sangre con mis iras
que el dolor solo sirve para el pobre
de cementerio clandestino”.
Y ya no sé qué hacer
con mis poemas. Y ya no sé
qué hacer con mi garganta)

El dolor es una fuga
de largas mariposas violetas...