"El olvido" (Los versos del capitán)
Autor: Pablo Neruda

Todo el amor en una copa ancha como la tierra, 
todo el amor con estrellas y espinas te di,
pero anduviste con pies pequeños,
con tacones sucios sobre el fuego, apagándolo. 
Ay gran amor, pequeña amada! 
No me detuve en la lucha. 
No dejé de marchar hacia la vida, hacia la paz,
hacia el pan para todos,
pero te alcé en mis brazos y te clavé a mis besos y te miré como jamás volverán a mirarte ojos humanos. 
Ay gran amor, pequeña amada! 
Entonces no mediste mi estatura, 
y al hombre que para ti te apartó la sangre, el trigo, 
el agua confundiste con el pequeño insecto que te cayó en la falda. 
Ay gran amor, pequeña amada! 
No esperes que te mire en la distancia hacia atrás, 
permanece con lo que te dejé, 
pasea con mi fotografía traicionada, yo seguiré marchando, 
abriendo anchos caminos contra la sombra, haciendo suave la tierra,
repartiendo la estrella para los que vienen.
Quédate en el camino. 
Ha llegado la noche para ti. 
Tal vez de madrugada nos veremos de nuevo. 
Ay gran amor, pequeña amada! 

"Tu risa" (Los versos del capitán)
Autor: Pablo Neruda

Quítame el pan si quieres quítame el aire,
pero no me quites tu risa.
No me quites la rosa,
la lanza que desangras,
el agua que de pronto estalla en tu alegría,
la repentina ola de planta que te nace.
Mi lucha es dura y vuelvo con los ojos cansados a veces de haber visto la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa sube buscándome y abre para mi todas las puertas de la vida.
Amor mío,
en la hora mas oscura desgrana tu risa,
y si de pronto ves que a mi sangre mancha las piedras de la calle,
ríe,
porque tu risa será para mis manos como una espada fresca.
Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar su cascada de espuma,
y en primavera,
amor,
quiero tu risa como la flor que yo esperaba,
la flor azul,
la rosa de mi patria sonora.
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles torcidas de la isla,
ríete de este torpe muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire, 
la luz la primavera,
pero tu risa nunca porque moriría.