El 31 de diciembre de 1878 nació en Salto, Uruguay Horacio Quiroga, quien es quizás el mayor cuentista de la literatura latinoamericana en lengua castellana. Su infancia transcurre entre Salto, Córdoba y Montevideo. Era hijo del vicecónsul argentino. Realizó sus estudios secundarios en Montevideo. Se interesó por el ciclismo, la química, la fotografía y el periodismo y la literatura. 

En 1897 publica sus primeras colaboraciones en medios periodísticos. En 1900 viaja a 

París. Había ya publicado algunas obras cuando se fue como fotógrafo, acompañando a Leopoldo Lugones, a la región de Misiones, situada al nordeste de la Argentina. Allí conoce a los hombres y el ambiente que inspirarían  sus grandes cuentos. La vida era dura; los hombres recios y podía ocurrir lo más imprevisible; la selva y sus animales acechaban constantemente. Quiroga transmitió, con sus excepcionales dotes de cuentista, la tensión de una vida en la que la muerte está siempre presente. 

Alrededor de 1904, con una herencia paterna, se trasladó a la Provincia de Chaco para encarar una plantación de algodón. Fracasado este intento, regresó a Buenos Aires a desempeñarse nuevamente en la docencia, recomendado por su amigo y eximio poeta, Leopoldo Lugones, con quien había realizado un viaje de estudios a las misiones guaraníticas.

En 1906 publica su relato Los perseguidos, un adelanto de lo que después se conocería como literatura psicológica. Tres años más tarde se casa con Ana María Cires. En 1911 es nombrado juez de paz. En 1917, publica Cuentos de amor, de locura y de muerte.  En 1918 dio a conocer el libro Cuentos de la selva, considerado un clásico de la literatura para niños en América Latina. Cuentos de la selva es un canto a la naturaleza, a la armonía y la solidaridad. El libro contiene seis relatos magistrales: "La gama ciega", "El loro pelado", "Las medias de los flamencos", "La guerra de los yacarés", "La tortuga gigante", "Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre", "La abeja haragana" y "El paso del Yabebirí". En ellos, los niños lectores han encontrado, durante décadas, escenarios atractivos, personajes verosímiles, acontecimientos llenos de peripecia, sentimientos profundos y aventura, y un gran respeto por la naturaleza y todos los seres vivos. En 1927 se casa con María Bravo.

Se inició en el modernismo, influido por Leopoldo Lugones, con Arrecifes de coral (1901), obra que mezcla prosa y verso. Posteriormente escribió novelas como Historia de un amante turbio (1908) y Pasado amor (1929). No obstante, su género principal fue el cuento, donde se advierte, sobre todo al principio, la influencia de las narraciones de misterio y terror de Edgar Allan Poe. Sus numerosos cuentos, superiores sin lugar a dudas a algunos versos, dos novelas y un drama, fueron recogidos en varios volúmenes: Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), Cuentos de la selva (1918), El Salvaje, Anaconda (1921), El desierto (1924), Los desterrados (1926) y La gallina degollada y otros cuentos. Aunque cultiva otras vetas, la humorística, por ejemplo, predominan en calidad aquellos relatos donde la enfermedad, el fracaso, las frustraciones, las alucinaciones y el terror a algo inconcreto y sobrenatural forman el motivo desencadenante.

Con su último libro, El más allá, Quiroga hace una incursión en el campo de la ficción para ofrecer visiones de ultratumbas, actos telepáticos, etc. Sus Cuentos completos fueron publicados en 1956 en Buenos Aires. Su obra, repleta de horror, locura y violencia, se caracteriza por su crudo realismo y por la observación de la conducta humana en situaciones extremas. 

En Decálogo del perfecto cuentista expone Quiroga sus ideas respecto del cuento como unidad nacional y señala sus modelos favoritos, al tiempo que nos dejó dicho: "Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón". 

La vida de Quiroga estuvo plagada de la fatalidad, la cual hizo aparición cuando  él apenas contaba dos meses de edad (1879) con la muerte de su padre al disparársele accidentalmente su escopeta. En 1891 Ascenso Bargo, su padrastro, se suicida con una escopeta. En 1902 Horacio Quiroga mata accidentalmente con su revólver a su mejor amigo Federico Ferrando. En 1915 se suicida su primera esposa Ana María Cires. También se suicida Leopoldo Lugones a quien Quiroga admiraba, y Alfonsina Storni por quien sostuvo una profunda pasión. El 19 de febrero de 1937 se suicida Quiroga y en 1939 se suicida su hija Egle. Años después, su hijo Darío también haría lo mismo.

A Quiroga le preocupaba más el valor expresivo de la palabra que lo puramente gramatical y académico, por lo cual se le ha tachado muchas veces de "escribir mal". A pesar de todo, "su narrativa sigue siendo la construcción más vigorosa -más duramente vigorosa- de la literatura de ficción hispanoaméricana hasta su época". Como diría Julio Cortázar al respecto, "Quiroga figura entre los narradores capaces a la vez de escribir tensamente y demostrar intensamente, única forma de que un cuento sea eficaz, haga blanco en el lector y se clave en la memoria".


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