"El gusanito"
Autora: Graciela E. Prepelitchi

Alguna vez iba un ser arrastrándose por la tierra. Se contemplaba asimismo, como el más horroroso de los gusanos y se decía:

-¿Por qué soy un gusano?, condenado a arrastrarme y a arrastrarme por la tierra, a veces tan dura, a veces tan fría, a veces tan caliente... pero siempre, siempre, la más horrible de las tierras.

Y cuando sentía, que arriba de él, había un bello horizonte y había seres vivos, caminando y volando y danzando, se preguntaba:

-¿Por qué?

Y seguía quejándose y sintiéndose mal de ser un gusano...
Se acercó a un lago y se reflejó en el lago, y era tan limitado, tan limitado su andar, que se cayó al agua y sufrió y sufrió porque se ahogaba.

Mas de pronto, las mismas aguas, más frías que la tierra fría de la que se quejaba, y más dolorosas, pues no le permitían respirar... las mismas aguas en duro vaivén y en mucho dolor, le llevaron hasta una roca. Y cuando llegó a la roca, sintió gratitud por poder respirar, mas poco le duró la gratitud pues volvió a quejarse diciendo:

-Ya ni siquiera puedo arrastrarme por largos trechos, pues estoy en una pequeña roca entre las aguas... ¡Qué infortunado ser! ¡He de morirme de hambre!.

Y de tanto y tanto quejarse... de nuevo volvió a caerse a las aguas. Y nuevamente sufrió tanto y tanto y tanto dolor... mas las mismas aguas le llevaron hasta un valle y le regresaron a ese hermoso valle. Cuando llegó al valle, sintió gratitud y entonces dijo:

-Puedo de nuevo arrastrarme por grandes techos y puedo de nuevo respirar y buscar las hojitas que me alimenten.

Y entonces sintió la más profunda de las aceptaciones, y la inmensa gratitud de ser... ¡un gusano en tierra!.

En medio de la gratitud y de la aceptación se contempló, y vio algunos cambios, ¡pero muchos cambios en su figura de gusano!... ¡Había más pelos que los que antes había!. Y había unas extrañas antenas, brotando.

Entonces se sintió tan bello y tan enaltecido, y pensó que su gratitud y su aceptación, le habían embellecido con unos pelitos, y que los pelitos no le permitían sentir frío.
Siguió avanzando y cantando y silbando el gusano, y alimentándose de hojas y alimentándose de ramitas. Se balanceaba en las ramas como en un columpio, y disfrutaba su vida de gusano.
De pronto en una alta, altísima rama, sintió que la rama se quebraba y sintió ¡tanto miedo y tanta angustia!, porque pensó que de nuevo iba a caer.

Y efectivamente la rama se quebró y el gusano cayó, pero cuando estaba descendiendo se dio cuenta... ¡que tenía alas!, que podía volar y alcanzar nuevamente la copa del árbol. Y voló y voló y voló hasta que llegó a la roca que un día le rescató su vida.

Y cuando se posó sobre la roca, se reflejó en el lago, y se contempló como la más hermosa de las mariposas de colores, dueña del más bello vuelo. Y se dio cuenta ¡que jamás había sido un gusano!. Que solo era una larvita, en espera de su proceso de revelación, hacia una hermosa mariposa de colores brillantes, ¡tan brillantes, tan brillantes!... como las luces de los ángeles, y las luces del reino de Dios.

Así fue como levantó su vuelo, y en vuelo ascendió a los cielos, y cantó a los ángeles, y se confundió con los coros, y se acercó al rostro de Dios, y le mostró sus colores.

Aprendan desde mi infinito amor, que aunque te sientas y te veas y actúes muchas veces como un gusano, y te arrastres muchas veces por la tierra y sus riquezas... tal vez seas solo una larva en proceso, ¡hacia la más bella revelación de tus alas!