Su peculiar morfología hace que parezca más una planta vascular más que un helecho. Solamente cuando las esporas maduran se puede comprobar que se trata de una planta sin flores.
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Se trata de una especie que tiene un rizoma grueso de color negro. Las frondes (así se llaman las hojas de los helechos) son muy grandes, de hasta dos metros y se encuentran divididas en lóbulos lanceolados. En la zona apical de cada una se encuentran los esporangios formando ramilletes de color pardo que son visibles de Junio a Noviembre.
Requiere unas condiciones ecológicas muy concretas: zonas permanentemente húmedas (ya que necesita que el rizoma se encuentre en contacto permanente con el agua), a la sombra, en lugares sin temperaturas extremas, y es propio de zonas ácidas. Aparece habitualmente en sotos fluviales, bordes de río, alisedas y fresnedas. En La Rioja aparece en bordes de trampales en el sotobosque de melojares y hayedos.
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En la Península Ibérica
se distribuye por todo el litoral atlántico penetrando más al
interior, por ejemplo en Extremadura, o siguiendo algunas cuencas
fluviales como la del Duero y aparecen algunos núcleos en el extremo
noreste de Cataluña. Recientemente ha sido encontrada en La Rioja,
hallazgo que amplía la distribución conocida de la planta. Se
trata de dos pequeñas poblaciones en el término municipal de Muro
en Cameros.
En el "Libro Rojo de Flora Silvestre amenazada de La Rioja" se
encuentra dentro de la categoría "En Peligro". Las poblaciones
están muy alejadas del resto de las ibéricas, conservan un escaso número
de ejemplares y dependen del mantenimiento del nivel freático de la zona
donde habitan que son zonas en las que abunda el ganado vacuno con el
riesgo consiguiente debido al pisoteo constante y además mordisquean las
plantas lo que hace que el número de ejemplares esté disminuyendo de
forma alarmante.
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Fotos y texto: Javier Benito
Ayuso
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