Mamíferos








Rana de San Antonio 
(Hyla arborea)
  Es un anfibio del Orden de los Anuros, grupo así denominado por la carencia de la cola característica del resto de anfibios. Son anfibios de pequeño tamaño, de no más de 5 cm. que presenta un cuerpo ovalado, algo rechoncho, cabeza ancha y ojos prominentes de iris dorado. Fácilmente reconocibles por el intenso color verde brillante, aunque a veces se puede encontrar parda y con manchas. Posee una mancha marrón a cada lado. Sus extremidades esbeltas y los dedos provistos de ventosas, adaptadas a sus hábitos trepadores, son los caracteres que las separan de las ranas típicas, de fuertes ancas traseras adaptadas al salto. 
La ranita de San Antonio esta presente en los humedades y medios ribereños de lagunas, balsas y también acequias con abundante vegetación herbácea y arbustiva, por pasar la mayor parte de su vida encaramada en hojas y ramas a la caza de pequeños insectos, arácnidos y otros invertebrados, presentando la mayor actividad al crepúsculo o durante la noche. 

El origen de la especie es tropical y durante el verano gusta de exponerse el sol en las hojas superiores de las plantas. En octubre, sin embargo, inicia un periodo de letargo durante el que se entierra en el suelo, generalmente en lugares húmedos o cercanos al agua de la que nunca se separa demasiado. 

Llegada la primavera se inicia el periodo reproductor, utilizando para ello charcas o riberas fluviales de aguas dulces y con abundante vegetación. Como en el resto de especies de ranas, los machos atraen a las hembras con su potente canto, hinchando para ello un saco vocal que, en la ranita de San Antonio, llega a adquirir un tamaño mayor que el de la cabeza. 

El apareamiento se realiza durante la noche. Las hembras depositan entonces paquetes de hasta un millar de huevos, que son fecundados externamente por los machos firmemente asidos al lomo de éstas en un fuerte abrazo que se denomina amplexus axilar. 

Al igual que ocurre con las poblaciones europeas, la especie sufre en toda España una continuada regresión y en pocas ocasiones se detectan poblaciones abundantes. La humedad y frescura que mantienen los sotos del Ebro, les posibilitan descender por La Rioja Baja, hasta Alfaro. 

Las principales amenazas residen en la destrucción y desecación de los medios acuáticos que requiere para la reproducción, agravado todo ello por su querencia a tipos muy concretos de hábitats. Los pesticidas alteran la metamorfosis afectando a la viabilidad de las larvas.