Mamíferos








Perdiz pardilla  
(Perdix perdix )

La perdiz pardilla es una especie en grave peligro de extinción, tanto en España como en el resto de Europa. La desaparición de la tranquilidad y la variación de los espacios naturales, juegan en su contra. Entre todos, deberíamos conseguir que dicho peligro no sea irreversible. 

Es un ave gallinácea de población escasa, que mantiene una distribución dispersa y muy localizada. Pocas son las zonas españolas que gozan de su presencia, sobresaliendo la Cordillera Cantábrica y los Pirineos. 
De la misma familia que nuestra codiciada perdiz roja, las similitudes entre ésta y la pardila apenas existen. Tamaño, aspecto y color del plumaje y también costumbres, hacen de cada una especies bien diferenciadas entre sí.

La perdiz pardilla toma su nombre de tonalidad más clara, es de tamaño menor, entre 25 y 30 cm y muestra una franja en el cuello de color castaño. Reconocer las hembras y machos representa alguna dificultad, incluso para los más expertos. De cabeza más cuadrada los machos, muchos más delgada en las hembras, la tonalidad también nos servirá para distinguirlos.

La hembra cuenta con un color más pálido, tirando a grisáceo en la espalda, con una presencia menor de tonalidades rojizas.
La cola de los machos es moteada, de color marrón oscuro, en su parte inferior y con una especie de herradura formada por las plumas del pecho, mientras las hembras sustituyen estas motas por unas rayas longitudinales de color oscuro uniforme. Éstas líneas generales se volverán dificulsosas para la identificación en pleno vuelo, dificultad a la que se añadirá las distintas tonalidades que muestras las pardillas según las zonas en las que habiten. Su tono pardo será más oscuro en aquellas que encontremos en la cornisa cantábrica, mientras que las presentes en lo pirineos portarán un plumaje más claro y rojizo. 

Habita en aquellos terrenos en los que la vegetación sea mayoritariamente de matorrales de brezo, piornos y helechos. Elige los matorrales mezclados con los pastizales de las laderas y con zonas pedregosas que le avisen de peligros y enemigos desconocidos. 
En enero las pardillas se juntan y bajan de las alturas del monte siendo más fácil localizarlas con algunas posibilidades de éxito. 

Bien entrada la primavera y con los primeros calores, la perdiz pardilla nidifica. Lo hará entre las retamas y matorrales de brezo en los días finales del mes de mayo. La hembra construye el nido haciendo un pequeño hueco en el suelo que cubrirá con hierbas y pequeñas raices. Algunas se atreverán a realizar el nido en los prados de heno, con el consiguiente peligro por la recolección temprana.

Al igual que las gallináceas, una vez escogido el lugar y realizado el nido, la perdiz pardilla hará una puesta de entre 12 a 18 huevos. En los últimos días del mes junio y primeros de julio, nacerán los polluelos que, al igual que ocurre con las perdices y codornices, tardarán poco (menos de un mes) en ser igualones y ensayar sus primeros vuelos. No obstante, las crías no alcanzarán la madurez hasta bien entrado septiembre, e incluso, octubre, en que serán capaces de dar vuelos importantes.