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Especie de color pardo-grisácea, suele tener en la cola rayas laterales blancas y negras. Es algo más robusta que la lagartija ibérica, pudiendo los machos alcanzar en algunas ocasiones los 7 ó 8 cm.
Ocupa gran variedad de hábitats, desde construcciones humanas hasta el interior de bosques caducifolios. En las áreas donde no convive con la lagartija ibérica se comporta como una especie rupícola, en muros de piedras y acúmulos rocosos.
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Sin embargo cuando se halla en simpatría con ella, es habitual que ésta ocupe las rocas y la lagartija roquera los taludes de tierra y las zonas de suelo. En las comarcas más orientales de su distribución ibérica habita las áreas de clima no mediterráneo, de modo que los 800 mm de pluviosidad anual marcan el límite meridional de la especie.
El celo es primaveral. La puesta tiene lugar en mayo y junio, constando de 1 a 9 huevos (generalmente 3) y en verano nacen las crías.
Es insectívora en sentido amplio. Consume sobre todo insectos y arañas.
La mayoría de las poblaciones de lagartija roquera de la península se hallan en un estado de conservación satisfactorio.
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