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El Cangrejo de río, es un artrópodo decápodo con un cuerpo cubierto por un caparazón de consistencia dura, gracias a las impregnaciones de sales de calcio.
Su coloración dorsal normalmente es pardo-verdosa y tiene un color blanquecino en la zona ventral de las
patas. Su tamaño es mediano y raramente sobrepasa los 11 cm. de longitud y los 80 gr. de peso.
Dispone de 5 pares de patas insertadas lateralmente en la zona ventral del cefalotórax. |
El primer par de patas tiene unas pinzas muy desarrolladas y utilizadas para capturar su alimento. Los dos siguientes pares de patas tienen también unas pinzas pero de un tamaño considerablemente más pequeño y los dos pares últimos de patas poseen una uña. A excepción del primer par, todo el resto del conjunto de patas lo emplea, principalmente, para moverse.
Está adaptado para ocupar una gran variedad de hábitats: aguas lentas y rápidas, corrientes y embalsadas, frías y cálidas, dulces y salobres. Habita preferentemente cauces de suelo calizo con una rica capa de materia orgánica y con abundante cobertura de piedras y bloques, con riberas pobladas de árboles y arbustos que le proporcionan una buena cobertura.
Come tanto, pequeños peces, si logra capturarlos, como lombrices, gusanos, sanguijuelas carroña, plantas acuáticas, algas, etc.
El cangrejo hace su vida en el crepúsculo y al amanecer, mucho más que en pleno día o en la total oscuridad, periodos éstos que pasa bajo las piedras, entre la vegetación o en huras que él mismo cava en las orillas, cuando son blandas.
El celo comienza en otoño. Las hembras construyen en el suelo un agujero donde permanece oculta, asomando tan sólo las dos pinzas y las antenas. Cuando al mes o mes y medio los óvulos están maduros, la hembra los va liberando en una cámara construida por su propia cola. Los huevos son incubados entre seis y siete meses, al cabo de los cuales avivan los pequeños, que permanecen varios días unidos a su progenitora.
La principal causa que explica la desaparición o reducción del número de cangrejos autóctono está asociada a la pérdida de su hábitat y contaminación del agua de los ríos donde habita en primer lugar, y posteriormente a la afanomicosis (plaga del cangrejo), producida por el hongo Aphanomyces astaci
(Schikora) fue introducida en Europa en 1860 por cangrejos del género Orconectes limosus
(Rafinesque) importados a Italia desde Norteamérica. Este hongo es endémico de los cangrejos americanos que son, la mayoría de ellos, inmunes a su efectos en contraste con las especies europeas, que son muy sensibles. La enfermedad se transmitió rápidamente por todo el continente europeo, ayudada por los movimientos y actividades humanas (botas y equipos de pesca infectados con esporas, repoblaciones con lotes de cangrejos infectados) diezmando las poblaciones autóctonas de cangrejos europeos.
Su distribución histórica incluía casi todos los cauces riojanos. Sin embargo, en la actualidad únicamente quedan unas 15 poblaciones situadas en arroyos, aislados de los cauces principales.
La pesca de la especie autóctona está prohibida, no así la de la especie americana.
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