| "Arrúgame" | |
| Autor: Enrique Cabezón |
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Era la vida un jardín sin vallar, la noche territorio minado (según murmuraban) la tarde una contrarreloj finita, en el porche de madera sentado, cavilaba sobre el algodón del cielo, toldo, valla, frontera... pensaba y pensaba, como la noria da vueltas alrededor de la mosca. Vendrá el día en que el tiempo sea poder, en que el húmedo calabozo que escondes, me haga preso, me ocupe entero, cuando a la infancia le saldrán pelos y venas. (La espera frente al azul infinito de matices tan sólo será aquella graciosa anécdota para contar a unos hijos que no deseabas tener). |
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| "Color de pérdida" | |
| Autor: Enrique Cabezón | |
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Aquel hombre era una promesa incumplida, no sé de qué color, ni las razones, sólo recuerdo su voz de pisar charcos y el brillo en su faz de los neones. Era y es contramaestre de barcos sin destino, no me fijé en el matasellos de sus lacónicas cartas, ni investigué el extraño ruido de fondo en sus llamadas, era triste como un café en la costa de espaldas al mar y sin su barco, gimiendo sobre la sucia espuma de aquel puerto donde fuimos abandonados. Los colores de su huida no eran alegres ni complementarios a los de su llegada, no. Los colores que dejó impresos hablaban de sargazos lejanos, de algas, buques y un pirata manco, que se sacó un ojo cuando intentaba sacarse del ídem una pestaña. Nosotros, como él, perdimos la memoria, se nos rompió el juguete, la vida, el eje; aquel hombre me enseñó que el jilguero en esa preciosa jaula que le compraste no es más que un preso sin destino que guarda una brújula sin norte en sus fantasmas. |
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