| "Monólogo en la distancia" |
| Autor: Aarón
Cancio |
| "Qué magnífica obra es el hombre, qué noble en su intelecto, infinito en sus facultades, elocuente y admirable en forma y movimiento, casi un ángel en su obrar y de sabiduría casi divina" Hamlet (William Shakespeare) |
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¡Oh señor!, ¡cuan desgraciada es mi existencia!, qué miserable y caprichosa mi voluntad! y por todos los santos del cielo ¡qué vil desprecio del entendimiento es este que consume mis horas en vela! Respóndeme ágil saber: ¿qué es esta tempestad en que me hallo envuelto? ¡Oh, cruel sinrazón!, y tú, breve prudencia, ¡no permanezcas más el silencio!: ¿acaso es este un sueño fugaz que transporta mis esperanzas al lienzo de un maestro pintor?; o aún de peor ralea, ¿una pobre ilusión de matutina bruma, tan falsa y soberbia como el engaño?. No, no habrá de ser as! amarga conciencia o iría contra sagrado la impulsiva necesidad de mi alma de escapar de este cuerpo envilecido por la pasión, que duerme y sueña con tálamos perfumados, y obra milagros convirtiendo la sangre joven en vino. ¡Ayúdame, triste poeta!, ¡muéstrame verdad alguna, injusta tragedia!. ¿Acaso es esto un licencioso anhelo pueril, que acaece como implacable condena por mi azarosa osadía, en forma de horrible desgracia, sobre mi sutil virtud?. ¿0 tal vez veneno de ofidio que corre por mis venas espesando la sangre y corrompiendo mis entrañas?. Pero no, no puede ser en tal triste modo o habría de resultarle a mi alma, dolorosa e injusta tortura en lugar de dulce y valioso presente. ¡Qué vacío recorre mi espíritu! ¡oh, corazón!, oh, ruin y traicionero corazón! ¿A qué clase de oscuro abismo conduces mi persona?. Pero callo un instante: algo desconocido turba mis pensamientos y los vuelve vaporosos y lascivos. ¿Qué calor es este que me acaricia arrastrándome consigo y convierte en una fiera domada? ¿Qué intensas son las dudas que asedian mi destino y lo toman vulnerable?. No comprendo ni entiendo mi enfermedad pero la siento; viva como el fuego del Hades, la siento consumirme. ¡Oh, Dios!, ¡ oh, padre mío!, ¿por qué?. Rabiosa es la sinceridad que cabalga con violencia sobre la basta llanura de mi espíritu. ¡Mundo!, ¿por qué?. ¡Oh! Naturaleza perfecta, ¡te desafío!, ¿me oyes?. ¡Yo te desafío!. No deseo esta embriaguez que aturde mi razón y mis pensamientos; no la puedo desear; ¡no la deseo!. Pero, ¿qué digo?; ¿a quien miento?, ¿a mí?. ¿Acaso podré engañarte a ti, compañera soledad?. ¿0 tal vez a ti vieja lechuza, que tan bien conoces mi porvenir?. No lo creo. El licor ya me hace
efecto. Siento cómo recorre mi cuerpo y lo hace estremecer de inocencia y deseo. ¿Llevaba razón la alcahueta?. ¡Qué dulces símbolos
acuden a mi presencia!, ¡qué bellos parajes se presentan ante mis ojos!. Una sin par
lucidez embarga mi mente. Deseo entregarme ciegamente, y si he de pedir
perdón para lograrlo, una y mil veces así será hecho, y si he de
arrastrarme para tenerlo, cien veces mil pulirán Mis rodillas estos
suelos, y si he morir para sentirlo que avisen pronto a la sombría parca.
¡Oh señor, qué grande es la empresa que me encomienda mi corazón!,
pero ¡cuán dulce ha de ser el néctar que deseo si tan sólo viendo la
flor me atrevo a vender mi alma por un segundo de su sabor!. La fantasía
que me embarga es de una ferocidad implacable y la pasión que me guía
posee una voluntad atroz mas reconozco sin rubor alguno en mis mejillas
que le amo como no he conocido igual y amo al amor que me tiene prisionero en su regazo. ¿Sueño o estoy despierto?, ¿en qué se ha convertido mi desesperada existencia?. Habré de conformarme acaso con seguir al adalid de mi corazón y amarle con toda la generosidad de mi alma, felizmente desde la proximidad o tristemente desde la distancia. Pero ¿será en verdad mi alma capaz de enfrentarse al dolor y los azotes del amor menospreciado?. ¿Podré soportar el desdén en una de sus miradas, siendo como soy tan débil presa?. ¿Acaso tendré valor suficiente para no oprimir un puñal contra mi vientre en caso de ser despreciado?. Tal vez no, mas ¿qué es la muerte sino un tierno beso?. Pero silencio: ahí llega él y mi corazón se apresura. ¡Oh señor, cuanta belleza! Mira hermosura, qué perfecto reflejo han hecho de ti para mi deleite; cuan sublime
es el movimiento que trae consigo. ¿Acaso no ves a los ángeles apartarse a su paso
inquieto?. ¿Qué sutilidad posee el recuerdo que me domina, pues no es en realidad mil
veces más bello de lo que mi memoria me aseguraba?. Contempla su desgarbada figura, Si no puede la flor vivir sin el rocío de la mañana, ni la tierra labrada sin las nubes de tormenta, ¿acaso puedo yo vivir sin su cariño?. ¿Puede mi alma ignorar el haber conocido la generosidad de su corazón o la fidelidad de su talante?. ¿Puede criatura alguna despreciar la sinceridad y la nobleza de su espíritu o no fijarse en la calidez de sus actos o la humanidad de sus obras?. ¿Cómo podría un ser, racional o no, dejar escapar su perpetua modestia o su entrega sincera, o no mostrar admiración por su inviolable integridad y su inestimable amistad?. Sé que supera mis sentidos y mi conciencia, y que escapa al control de mi débil voluntad pero mi corazón no me engaña. ¡Oh maravilloso amanecer! ¡Qué hermoso nace el día bajo el amparo de su presencia!, ¡qué insípidas las aflicciones y las penurias cuando contemplo su rostro! y ¡que esperanzador se me antoja el futuro con él a mi lado!. Esta eterna pasión que arrastra mis ambiciones consigo y de la que me torno sumiso prisionero, es en extremo dulce y violenta y que dios me perdone si no hay otro rumbo ni otro destino en mi vida que no sea el suyo. ¡Oh fortuna, espero que me seas favorable!. Pero silencio. Ya deja la estancia, y con él parte mi corazón. ¡Qué gratos instantes me ha hecho sentir!. |