Castillo de Ocón

Fuente: Castillos y Fortalezas de La Rioja
El castillo de Ocón está emplazado sobre un cerro en cuya ladera meridional se extiende el caserío de la Villa de Ocón. Desde este privilegiado lugar se divisa un vasto territorio que comprende todo el valle de Ocón, el valle bajo del Jubera y la ribera navarra; además, el castillo puede comunicarse visualmente con las fortalezas de Ausejo y Jubera. Los escasos restos existentes no permiten la reconstrucción de la planta original de esta fortaleza.

Aproximadamente en el centro del cerro donde se ubica, se observan varios muros de manipostería de idéntico grosor que debieron pertenecer al núcleo principal de la fortaleza ( 40 x 15 m. aprox.). Este se compondría de un patio y una torre inscrita en el mismo, ambos de planta rectangular, y otro recinto trapezoidal, adosado al mediodía. En esta zona, los muros de la parte occidental se han perdido a causa de los desprendimientos de la roca.
Del ángulo N-E del que podemos denominar castillo, arrancan dos lienzos de muralla, de distinto grosor y calidad. Uno de ellos (72 x 2.10 m.), toma la dirección N-W y termina en una gran torre cilíndrica maciza, con base de sillería. Está construido mediante un sistema de encofrado con hiladas de piedras sin labrar al exterior y morrillo de relleno. El otro lienzo (48 x 1,5 m.), se dirige hacia el E., ladera abajo. Tiene el mismo grosor que los muros del castillo y debió estar reforzado con torres de flanqueo que en la actualidad no son visibles. Este muro continuaba hacia el S., para enlazar con otro, (desaparecido), que partía del ángulo S-W del castillo y bordeaba el cerro por poniente. Ambas cortinas encerraban y protegían un amplio espacio que serviría de solar a la antigua población de Ocón de la que, únicamente, se conservan los restos de la cabecera románica de su templo parroquial de Santa María.
 Del análisis de los restos arquitectónicos de esta fortaleza se deduce que en ella existían dos partes bien diferenciadas: la primera, o la cortina rematada en la torre cilíndrica, que parece la construcción más antigua, contemporánea del castillo de Clavijo, en la que se utiliza un aparejo semejante al de éste, y que sólo servía para proteger la cima del cerro; y la segunda, el castillo que podría ser coetáneo a la iglesia de Santa María, es decir, obra de finales del siglo XII, posterior a la concesión del fuero a la Villa, en 1174. En resumen, encontraríamos en esta fortaleza una obra primitiva, de origen musulmán, y una reutilización y ampliación ulterior de ésta, por parte cristiana.

Durante el siglo XI, sabemos que era señor de Ocón Fortún Garcés, en 1025; el rey García III el de Nájera entregaba en arras a su esposa Estefanía, en 1040, Ocón, cuyo tenente era Lope Acenáriz. En 1065 y 1068 aparece Ximeno Fortuniones y en 1074 y 1092, Enneco Azenáriz.
En época de Alfonso el Batallador es Lope Lópiz en 1125. Durante la ocupación de Sancho el Sabio de Navarra figuran Sancho Ramírez de Pedrola en 1172 y Martín Roiz en 1175 y 1174. Tras su recuperación por Alfonso VIII, la confía al señor de Cameros Diego Jiménez, al que se cita en 1174, 1175 y 1185. Conocemos el nombre de alguno de los alcaides: Martín Romeo en 1177, don Alaves en 1185. Pedro Ramírez de Bazán en 1544 y el merino Juan Martínez de Peñafiel en 1549.

En tiempos de Pedro I y Enrique II poseyó Ocón Juan Alfonso de Haro. Posteriormente, en 1579, este rey donó la villa a Diego Gómez Manrique, repostero mayor, ya que su anterior dueño, Ramiro Sánchez, lo traicionó aliándose con el rey de Navarra, Carlos II. 
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Castillo y villa fueron propiedad de los Duques de Nájera y Condes de Treviño hasta la extinción de los señoríos jurisdiccionales. Según Madoz, el castillo estaba cercado por una muralla ( 5,5 varas ancho x 80 varas largo x 14 varas alto) que fue reedificada durante la primera guerra carlista y tenía un arco en el lado E., labrado en sillería, sobre el que se colocaba un puente levadizo.


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