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El peñasco sobre el cual se asentaba el castillo antiquísimo de Cellorigo es impresionante. «Nido de águilas, dice de éste un autor moderno, en una cresta rocosa de donde presenciaron las guarniciones cristianas durante tres siglos el flujo y reflujo de las invasiones agarenas por la Rioja y Bureba y que vigilaba con bajadas a un lado y a otro los dos portillos abiertos en los Obarenes por Poncea y Bugedo y por Bardauri ». Fortaleza inexpugnable contra la cual se estrellaron repelidas veces los ejércitos de Córdoba, no quedan hoy de ella sino casi borrados vestigios de sus viejas murallas y, como testimonio de los duros combates librados en sus cercanías, los hallazgos de fragmentos carcomidos de armas que de cuando en cuando se realizan en las tierras labrantías próximas. |
El portillo abierto liada el N. E. es el de la hoz de Morcuera, «falce Morchoria»
de los documentos castellanos y el desfiladero EI-Morcuín de los escritores arábigos. Cellorigo, defendiendo este portillo, que es paso a la provincia alavesa, y el castillo de Pancorbo, guardando las gargantas de su nombre, puertas de Castilla por este lado, tenían un valor estratégico considerable.
Desde que Pancorbo y Cellorigo, claves de Castilla y de la Rioja, respectivamente, fueron perdidas por los musulmanes (que durante cerca de un siglo los habían utilizado como punto de partida de numerosos ataques a tierra cristiana) se convirtieron en amenaza muy peligrosa contra las posesiones de
aquellos en la ribera del Ebro.
No es segura la fecha de la conquista del castillo de Cellorigo por los cristianos; pero en el año 882 los alaveses aparecen ya fuertemente establecidos en él. Es precisamente Vela Jiménez, conde de Alava, su conquistador.
El mismo conde, en aquel ano de 882 y en el siguiente, tiene que defenderlo contra Almondhir y poderosas tropas cordobesas y toledanas. El castillo se mantuvo inexpugnable y los asaltos costaron numerosas pérdidas a los infieles. Vela fue también quien repobló a Cellorigo con gentes y guerreros de las vertientes del Gorbea.
El castillo fue patrimonio de los Condes de Alava desde entonces. Después de Vela Jiménez aparecen como señores de él su hijo Munnio y Vela Ovecoz (ano 1012). En 1040 reaparece el nombre de Cellorigo con el conde Munio González. En una escritura de donación al Monasterio de Santa María de Piasca, en el año 1062, aparece como señor de aquella plaza Fernando Pérez. Cuando Fernando I, en 1064 ó 1065 (diez años después de la batalla de Atapuerca), recobró lo que entonces era Castilla la Vieja, el rey dio en tenencia los castillos de Luna y Cellorigo a Rodrigo Alvarez, abuelo del Cid. En 1129 Lope Ennequiz (Iñiguez) gobierna en aquel lugar.
El castillo de Cellorigo aparece después, en 1174, como uno de los cuatro que el rey de Castilla da en fieldad a Enrique, rey de Inglaterra, árbitro de las dispultas de aquél con el rey navarro. En la célebre escritura de compromiso, firmada conjuntamente por Alfonso VIII y por Sancho de Navarra, nómbrase a Cellorigo castillo de judíos « Celorigon, caslellum iudeorum », a los cuales el castellano se lo entregaba en tercería.
Finalmente, en 1191 aparece como señor o tenente de Cellorigo Martín Bravo, mientras en la región mandaba Diego López de Haro.
Cellorigo, aldea y castillo, fue otorgada más tarde a Miranda en virtud de privilegio de Sancho IV, dado en Haro el 1 de Julio de 1288.
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Castillos en La Rioja
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