En la actualidad sólo se conservan ruinas del castillo de Bañares, situadas en el camino de salida hacia Hervías, que permiten reconstruir una planta rectangular, con acceso, orientado al este, en uno de los lados mayores, flanqueado por cubos cilíndricos, que también reforzarían los ángulos del rectángulo. Los muros eran de gran espesor y en talud. En su interior, se encontraba la torre del homenaje, adosada al paño sur. De planta rectangular, fue construida en sillería en los haces y con macizo interno de manipostería y morrillo, alcanzando los 3,5 m. de espesor, aproximadamente. El espacio interior de esta torre se divide longitudinalmente (E-W) en dos naves, mediante dos arcos de medio punto que apoyan en un pilar cuadrado en el centro y en sendas ménsulas en los muros oriental y occidental. |
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Se conservan restos de dos cubos en el paño norte; parte del muro sur (utilizado como frontón), donde se abría un ingreso adintelado bajo una bóveda de cañón apuntado, en la segunda planta; y ruinas de muros en el lado este, donde estaría el acceso principal, flanqueado por dos cubos, junto a indicios de la existencia de un foso que rodearía todo el conjunto.
En 24 de diciembre de 1477, el infante D. Juan daba a su camarero Diego López de Zúñiga el lugar de Bañares, como él lo había tenido y otros señores antes que él. Entre éstos, según Palacios, habrían estado el propio D. Diego y su padre hasta 1567. |
Lo cierto es que tal concesión y la sucesiva de mayorazgo en febrero de 1578, vienen a ser la cima de la serie de adquisiciones hechas en la comarca por los Zúñiga (Castañares, Rodezno, Zarratón, etc.). Al poco debió iniciar la construcción de la fortaleza, pues en 1395, Juan Pérez de Lagunilla, prestanero de D. Diego, adquiere dos parrales "el uno al pie de la torre fuerte que se aze agora en el dicho lugar". Su hijo Sancho de Estúñiga continuó las obras.
La caba o foso la hallamos mencionada en documentos de 1489; entre otros, la entrega en censo a Juçe Hayn Jadraque de un solar, que se rescindiría si el señor decidiese que no era edificable, por estar junto a la caba de la fortaleza.
Se conocen también los nombres de varios de los alcaides que tuvieron el castillo de los Zúñiga a lo largo del siglo XV (Alvaro de Stúñiga, Fernando de Muñoyerro, Fernando de Conres, Pedro Ruiz de Ahumada) y después. Los condes de Bañares, título concedido por los Reyes Católicos en 1480 a D. Alvaro de Estúñiga (en 1475 duque de Plasencia y desde 1486, duque de Béjar), apenas debieron habitarlo, sobre todo desde que Dña. Teresa muriese en 1565. Por ello sufrió mucho daño y deterioro, hundiéndose en parte en la segunda mitad del siglo XVI, según resulta de una información hecha en 1595, suponemos que con vistas a obtener permiso real para reforzarlo.
También sufrió en la Guerra de la Independencia, durante la ocupación francesa, quedando muy demolido el contrafoso y los cubos del W. y S., y la torre principal, a la que se quitaron nueve rejas, el maderaje del piso y la techumbre, estropeándose su escalera. Los vecinos atribuían tal hecho a la animadversión de los franceses contra la familia de los señores.
No fue ésta la única fortificación en Bañares. Como en tantos otros lugares de la comarca, había un cortijo en el que se integra parte de las dos iglesias de la Trinidad y Santa Marta, como se nos informa en la venta, en 1595. de unas casas que formaban parte de él.
Por otro lado, el concejo de Santo Domingo de la Calzada, a cuyo casco urbano casi roza el término de Bañares, se quejaba en 1488 de que los de Bañares habían levantado una torre y renta, junto al camino francés, que les amenazaba. Por supuesto que, en tiempos de disputas nobiliarias y concejiles, la fortificación de cualquier punto en ruta concurrida habría de molestar más a los ciudadanos con mayores intereses comerciales. Más cuando, en 1490, según los de Santo Domingo, estaba, además de fortificada, con abundantes hombres de armas y bastimentos.
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Castillos en La Rioja
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