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Wat Phra Kheo

También llamado el "Templo del Buda de Esmeralda", es el conjunto arquitectónico más emblemático de Bangkok. Fue construido por el rey Rama I en 1782 como símbolo de su poder. Reyes posteriores fueron añadiendo construcciones. 

El recinto queda enmarcado por unas murallas de casi 2 Km de longitud que por la parte interior están totalmente decoradas con pinturas del Ramakien, versión thailandesa de la epopeya del Ramayana indio. Muchos de los edificios están cerrados al público y sólo se abren para celebraciones especiales.

Sin embargo, los tejados de color marrón y verde, las stupas recubiertas de pan de oro, los pilares decorados con mosaicos multicolores y las múltiples estatuas y jardines son suficientes para dar al lugar un encanto inigualable. Todo el conjunto, incluyendo los frescos, ha sido restaurado recientemente y puede contemplarse actualmente en todo su esplendor. 
El edificio más sagrado de todo el recinto es el que alberga la estatua más venerada de Thailandia, el Buda de Esmeralda. La base del edificio esta rodeada por una serie interminable de garudas (ser mitad humano y mitad pájaro) y unos leones protegen la entrada principal. 
Dentro, el Buda de Esmeralda, una estatua tallada en un solo bloque de jade colocada en una urna de cristal sobre un altar dorado y esplendoroso nos sorprenderá por sus pequeñas dimensiones.

Pero enseguida comprenderemos su importancia cuando veamos el fervor con que los thailandeses se postran ante el, siempre con los pies hacia atrás puesto que se considera un insulto apuntar estos hacia cualquier imagen de Buda. Alrededor de este templo hay 12 salas dedicadas a la meditación y muy cerca la capilla del Buda de Gandhara con una imagen de Buda propiciador de las lluvias junto a un campanario cuya campana solo suena en ocasiones muy especiales.

Pegado al Wat Pra Kheo,  el Palacio Real permanece, a excepción de dos o tres salas, cerrado al público. Este palacio sólo se utiliza para algunas ceremonias oficiales ya que la residencia actual del rey es el palacio de Chitlada. Pero aunque solo sea una corta visita, las salas abiertas merecen la pena. En algunas veremos una extraña mezcla de estilo Renacimiento italiano y arquitectura thai tradicional. En cualquier caso, todas las estancias rezuman una magnificencia real un, digamos, lujo asiático siempre fascinante a los ojos de los occidentales.